Policiales

Mauricio Macri, entre la euforia inversora y el fastidio del «círculo rojo»

Estaban por terminar la reunión en la que analizaban las últimas encuestas cuando Mauricio Macri sorprendió con una llamativa conclusión: «Igual, el año que viene nos empernamos a todos». Marcos Peña y el puñado de colaboradores que lo escuchaban rieron por la ocurrencia. Eran las primeras horas del miércoles. La mañana anterior, Macri había inaugurado el Foro de Inversiones y Negocios en el Centro Cultural Kirchner, ya un paradójico emblema de la actual gestión, el evento con el que el Gobierno se presentó ante cientos de inversores extranjeros como la contracara de la «vieja Argentina», como calificó Emilio Monzó -titular de la Cámara de Diputados- al kirchnerismo en el mismísimo CCK.

Macri apeló a esa frase chabacana, alusiva a las elecciones del próximo año, después de estudiar los números durante algunos minutos, atravesado por una ambivalencia que lo frecuenta desde hace algunas semanas. Cruzado por la euforia del «mini Davos» y la cumbre del G20 en China -«tuvimos que rechazar reuniones bilaterales porque no había tiempo y todos querían verse con Mauricio», explicó un integrante de esa comitiva- y el fastidio por lo que considera una injusta incomprensión del «círculo rojo», ese selecto grupo de empresarios, periodistas, sindicalistas, analistas y dirigentes que, según el jefe de Estado, lo atormenta desde la campaña del año pasado.

Las encuestas que Macri analizó raudo y que Peña consume casi a diario con voracidad son un fiel reflejo de esa ambivalencia. Con los coletazos del tarifazo vigentes, el Presidente tocó su peor nivel de imagen -todavía demasiado alto, por cierto-, pero las expectativas de los encuestados en la gestión le dan, sin embargo, un considerable margen. La apuesta es por la consolidación de la desaceleración inflacionaria y por un estallido de la obra pública, en especial en el Conurbano bonaerense, donde los niveles de desaprobación de la gestión presidencial se dispararon en los últimos meses. Las elecciones del año próximo, el único objetivo real de Cambiemos desde que llegó a la Casa Rosada, marcarán el destino político del jefe de Estado.

(Presidencia) (Presidencia)
«¿Qué quieren que haga? Yo no soy un pastor», se fastidió Macri hace una semana, en la mañana del sábado 10, tres días después de su regreso de China, esta vez ante un reducido núcleo de íntimos: Peña, Nicolás Caputo -el más íntimo de sus amigos-, y Jaime Durán Barba, que llegó a la quinta de Olivos junto a su socio Santiago Nieto, tan o más imprescindible que el ecuatoriano en el esquema comunicacional del Gobierno. El Presidente reaccionó de esa manera cuando uno de ellos le explicó que su misión era la de «evangelizar». «Es la única manera -le aseguraron- de convencer al ‘círculo rojo'».

Es que no todo lo que reluce es oro. Cuando Infobae le pidió su impresión ante la ausencia del sindicalismo en la multitudinaria cumbre empresaria del CCK, el líder del PRO contestó esquivo. «He dialogado y dialogo con ellos, creo en la prudencia y el sentido común de ellos», se desentendió en un salón reservado del primer piso del complejo, cinco minutos después de inaugurar el evento, que relacionó con el «fruto de la maduración», y no «fruto de un Gobierno».

Hay, sin embargo, un sector de la oposición, en especial el grueso del sindicalismo, que todavía no logra congeniar con la «maduración» a la que alude Macri. «(Esa maduración) Es oscilante en la dirigencia -reflexionó el mandatario-, pero no en la gente». Macri suele separar al «círculo rojo» de la sociedad.

El sindicalismo es, en ese sentido, el principal escollo a surfear en estos meses, según admiten en la Casa Rosada. «Eso es un problema», dicen. La mañana inaugural del foro de inversiones, en el que los sindicalistas brillaron por su ausencia, Omar Suárez, «Caballo» en la jerga gremial y ex titular del SOMU, fue apresado, procesado por extorsión, entorpecimiento de las vías navegables y asociación ilícita. La información del entorno de Suárez es que era parte de uno de los deseos del Presidente. El juez de la causa, Rodolfo Canicoba Corral, es uno de los magistrados bajo la lupa de la Casa Rosada. El futuro del «Caballo» es desolador: el tribunal de alzada que debe confirmar o revocar los fallos de Canicoba Corral está compuesto por Eduardo Freiler, otro de los jueces sospechados por Macri que busca salvar su pellejo.

El clima en la nueva CGT está tenso. El martes, la reunión de mesa chica ampliada del flamante triunvirato estuvo signada por la hostilidad hacia el Gobierno. «Tenían la cara pintada para salir a la guerra», graficó uno de los presentes en alusión a Héctor Daer, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid. Fue Luis Barrionuevo, uno de los componedores, sentado junto a Hugo Moyano, quien puso paños fríos. La situación de Moyano es más compleja: un empresario telepostal cercano al camionero podría tener que dar explicaciones a la Justicia en breve.

Macri y su entorno saben que el sindicalismo está de mal humor. La postergación en los cambios del impuesto a las ganancias tras la presentación del Presupuesto 2017, y las declaraciones de Macri en China, que negó una apertura de las paritarias, cayeron pésimo en los gremios.

A su vuelta de Hangzhou, el Presidente llamó sin intermediarios al teléfono de Barrionuevo, que en el mediodía del jueves pasado se despidió de la CGT Azul y Blanca con un almuerzo en el Círculo Italiano. El sindicalista, que según sus números perdió 15.000 puestos de trabajo en el gremio gastronómico en lo que va del año, es, de todos modos, uno de los más componedores. Pero es crítico del modelo de conducción y de gestión del Gobierno. Como gran parte de lo que Macri llama el «círculo rojo». «Es que vos no te dejas ayudar, Mauricio», le contestó el gastronómico del otro lado de la línea.

Fuente: Infobae. http://www.infobae.com/politica/2016/09/18/macri-entre-la-euforia-inversora-y-el-fastidio-del-circulo-rojo/

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