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Internacionales - 9 noviembre, 2020

«Don´t Stop Believin»: O la crónica de una reacción esperada

OPINIÓN: Por Sebastián Rossa (*) – Twitter: @sebasrossa – Especial para Diario San Francisco

Año 1981, la banda americana Journey, lanza el sencillo que quizás sea conocido como su canción insignia, “Don´t Stop Believin´” (No dejes de creer, en castellano), parte de su álbum “Escape” la cual trepó rápidamente a las 10 canciones más populares del Billboard Hot 100, con su letra inspiradora y sus sintetizadores ochentosos.

39 años después, parece que las palabras de Bernie Sanders, senador de los Estados Unidos y excandidato a la presidencia de ese país, junto al famoso conductor televisivo norteamericano Jimmy Fallon, se volvieron realidad (y virales) con una exactitud asombrosa, al referirse al posible escenario post elecciones del 03 de noviembre en el país del Norte.

En palabras del experimentado político norteamericano, “Lo que muestran las encuestas y lo que los estudios han mostrado es que, por la razón que sea, los demócratas son más dados a usar el voto por correo. Los republicanos son más dados a acudir a votar a las urnas el día de los comicios”.

Luego de afirmar esto, casi proféticamente siguió diciendo que “Estos serán los que primeramente serán recontados, aquellos de la gente que acudirá a votar el día de las elecciones que serán republicanos” y “es probable que a las 10 horas de la noche electoral Trump ganará en Michigan, Pensilvania, Wisconsin… y esto es lo que se dirá en televisión. Pero el día siguiente y los siguientes los votos por correo seguirán siendo escrutados y entonces todo se torcerá a favor de Biden, quien habrá ganado en esos estados”, apuntó Sanders, aludiendo a que en ese punto Donald Trump diría que toda la votación había sido fraudulenta.

Si bien no creo en las teorías conspirativas, en este caso, y teniendo en cuenta la situación de la elección en Estados Unidos, el senador Sanders describió casi al detalle la situación que se desencadenó luego del cierre de las mesas electorales en los comicios del pasado martes, y el devenir que llevó a que recién el sábado por la tarde, hora Argentina, el senador Biden fuese proclamado como el nuevo presidente de los Estados Unidos, aunque en palabras de Trump, esto aún no ha terminado.

Antes que nada, vayamos a los hechos y tratemos de entender como funciona el sistema electoral estadounidense. Por una parte, Estados Unidos posee un sistema electoral que hasta 1994, en la Argentina, hemos conocido de cerca, y podemos describirlo como una elección indirecta, es decir, a través de un colegio electoral, con algunas diferencias al sistema utilizado en nuestro país hasta la última reforma constitucional.

Es decir, los norteamericanos no eligen directamente a su presidente y vice, sino que lo hacen a través de electores que son votados por estado (recordemos que EEUU funciona efectivamente como un país mucho más federal que el nuestro) y estos a su vez votan, en el “colegio electoral” a la dupla que dirigirá los destinos de una de las grandes potencias de la escena internacional.

Es necesario entender, que, a diferencia de una votación directa, en donde la o el candidata/o que más votos obtiene es elegida/o para este cargo, puede suceder, como de hecho ya ha pasado (la experiencia más cercana fue la contienda Hillary Clinton / Donald Trump), que la o el candidata/o más votada/o en general no sea electa/o presidente.

¿Y por qué pasa esto? Porque cada estado, a excepción de unos pocos, reparte todos sus electores no de manera proporcional, sino, y utilizando una expresión muy estadounidense, “winner takes all” o el ganador se lleva todo, es decir, si la o el candidata/o gana por un voto, se lleva todos los electores del estado.

Este hecho hace que, aún ganando por amplias mayorías en estados muy populosos, se necesite ganar una determinada cantidad de estados, para llegar al “número mágico” de 270 electores (debido a que la cantidad total de los mismos es de 538).

Finalmente, tenemos que hacer mención de la posibilidad de votar por correo que tienen los norteamericanos, método muy utilizado en la situación de pandemia del COVID-19, y que ha batido récords de utilización en esta elección, con más de 100 millones de votos realizados de esta manera.

A esto se suma el hecho de que algunos estados de la Unión hayan contado los votos por correo hasta el mismo viernes pasado, y que, en palabras de Sanders, “por la razón que sea” los demócratas han utilizado más que los republicanos.

Primer punto aclarado. Ahora vamos a la situación que ha vivido el gigante del norte en las últimas décadas de su historia electoral. Cada vez queda más patente la brecha que existe entre las costas de los EEUU y el centro de este país a la hora de elegir presidente.

Si bien dicha costumbre se observaba desde hace mucho tiempo, las últimas elecciones han acentuado la presencia del voto demócrata, más “progresista”, en las costas, tanto este como oeste y el partido republicano más “conservador”, se ha hecho fuerte en estados del centro y parte del sur (Florida incluido).

Incluso podemos ver como, dentro de los estados mismos, las grandes ciudades, en general, tienen una votación más proclive a los demócratas. Quiero hacer la salvedad de utilizar comillas en progresista o conservador debido a como se pueden interpretar estos términos dependiendo de la visión del lector.

Al medio de estos estados en donde las tendencias son más claras, quedan los “swing states” o “estados pendulares”, en donde se da la batalla real por la presidencia de los Estados Unidos. Y esta elección no ha sido la excepción, como pudimos ver en los casos de Georgia, Pensilvania, Michigan, Nevada, entre otros.

Hasta aquí una brevísima, acentúo brevísima, explicación de como EEUU vota. Ahora vamos a la elección del 3 de noviembre de 2020.

Luego de un largo día, el presidente Trump se retiró a sus aposentos de la avenida Pensilvania al 1600 (no sabemos a ciencia cierta si pudo conciliar el sueño o no), como favorito en los conteos  (recordemos que, en un primer momento, en general se cuentan los votos emitidos presencialmente). Volvamos a las palabras de Sanders, el miércoles comenzó a darse una situación totalmente distinta, al comenzar el conteo de los votos por correo.

A partir de ese día y con una demora esperable, pero a su vez interminable para los intervinientes en la contienda, los estados pintados de rojos claro (rojo por el color dominante del partido republicano, y claro por ser “swing states”) comenzaron a mutar hacia el gris (indecisos) e incluso el azul (color demócrata).

Y en ese momento Trump, quien nunca dejó de ser Trump en cada segundo de su mandato, fue más Trump que nunca. Comenzó su raid mediático denunciando fraude electoral a través de la lógica de que “íbamos ganando y ahora vamos perdiendo” o esgrimiendo argumentos contrarios a la utilización del voto por correo, cuestión que remarcó a lo largo de la campaña. Y volvemos nuevamente a las palabras de Sanders.

El día sábado, comenzando la tarde hora Argentina, las principales cadenas de noticias del mundo anunciaban la victoria de Biden y Harris luego de intensos días de conteos de votos. Y Trump al día de hoy, aún después del discurso del senador Biden, sigue sin dejar de creer en su victoria presidencial, ni reconocer la derrota.

Para cerrar este somero análisis, es interesante anotar algunos datos sobre la pareja que, a partir de enero del año que viene dirigirá los designios de una de las dos potencias globales, si no vemos una situación similar a la de Bush/Gore en el 2000, cuestión que por lo menos parece improbable.

El presidente electo Joseph (Joe) Biden, ex vicepresidente de Barack Obama, es un hombre récord electoralmente hablando en los EEUU por tres razones: por un lado, al ser el candidato que mayor cantidad de votos ha recibido en la historia de Estados Unidos con más de 74 millones, por otro lado, el presidente electo con mayor edad con 78 años y finalmente por tener 47 años de actividad política en sus espaldas con un mandato de senador por Delaware que duró de 1973 a 2009.

Su vice, la senadora californiana Kamala Harris, hija de inmigrantes jamaiquinos e indios, primera mujer en ocupar el puesto de vicepresidenta en ese país representa para muchos el sueño americano hecho realidad y es, de acuerdo con muchos analistas, una figura a seguir en la política de los EEUU, como también creemos en Bernie Sanders para pronósticos electorales, una especie de oráculo de Delfos de la política norteamericana.

(*) Licenciado en Relaciones Internacionales. Contador Público. Master en Economía Internacional