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Después de tres años, San Francisco tendrá un nuevo sacerdote

El diácono José María Linares, de 33 años, será ordenado sacerdote el domingo 17 de septiembre en la catedral San Francisco de Asís, por las manos del obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva.

Oriundo de la localidad cordobesa de Bell Ville, el joven vivió gran parte de su infancia y adolescencia en Porteña, donde descubrió su vocación y se trasladó a la ciudad de Río Cuarto para completar su formación sacerdotal. Desempeñará su labor pastoral en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en la localidad de La Para.

En el marco de lo que monseñor Buenanueva considera “una crisis profunda de las decisiones para toda la vida”, José María (más conocido como Pepe), será el primer sacerdote que se ordena en la diócesis desde 2014. Durante la década 2006/2016, se ordenaron en San Francisco diez sacerdotes, de los cuales tres decidieron dejar el ministerio.

Un camino de conversión y vocación
El futuro presbítero reconoció que «de chico no quería saber nada con la cosas de Dios, de hecho, cuando mis amigos empezaron la catequesis de Confirmación yo no fui porque no me interesaba, hasta que un día, a mis 19 años, fui a la iglesia del pueblo a confesarme y conocí a un cura que me confrontó diciendo que Dios había hecho mucho por mí y me invitó a reflexionar qué iba a hacer yo por Él».

El joven seminarista reconoció que «no fue fácil el proceso, de hecho muchas veces me replanteé la situación, hasta pensé en abandonar. El primer año me quise volver pero las palabras de un sacerdote del seminario fueron clave: ‘Dios no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige’».

«En 2010 comencé a atravesar muchos problemas de salud y tuve que retirarme. Al año siguiente, reingresé al seminario pero agarré un estrés posoperatorio que me dejó con una depresión aguda, lo que demandó de un tratamiento con un psiquiatra. El camino del seminario no fue fácil, con muchas pruebas, sufrimiento, pero siempre muy bien acompañado tanto de la diócesis como del seminario», indicó José.

Consultado sobre los desafíos de la elección sacerdotal en los tiempos modernos, dijo que «caminar al lado de ellos, escucharlos y acompañarlos como un amigo es la forma de acercarse. Lo que uno pudo vivir como negativo en su vida, puede servir para ayudar a comprender la historia de estos jóvenes y a la hora de dar un consejo, tener mayor misericordia y entenderlos mejor porque uno lo pasó».

Finalmente, reflexionó: «Lo más importante es detenerse, buscar períodos de silencio donde uno pueda encontrarse con uno mismo, vivir el hoy y escuchar a Dios a través de los hermanos, de su Palabra y no tener miedo».

«Poder estar cerca de Dios y compartir ese gozo con los demás es impagable», concluyó.

Monseñor Buenanueva: “Hay una crisis muy profunda de las decisiones para toda la vida»
Monseñor Buenanueva expresó que «es una alegría muy grande siempre para una diócesis la ordenación de un sacerdote. Toda la iglesia se siente impulsada a seguir adelante con la misión del Evangelio».

«El último sacerdote que ordené fue en septiembre de 2014 y va a pasar mucho tiempo más para volver a hacerlo, ya que tenemos sólo dos seminaristas», precisó el obispo, y reconoció que «hay una crisis en las vocaciones, de hecho en la Argentina ha habido una disminución importante del número de candidatos, por ejemplo hoy no llegan a 900 los seminaristas en el país».

El prelado atribuyó esta situación a «una crisis general de la cultura, de la juventud, que obliga a la Iglesia a un discernimiento más serio y cuidado a la hora de darle el visto bueno a un joven para que ingrese a un seminario y se ordene sacerdote ya que es un compromiso para toda la vida».

En tanto, «creo que hay una crisis muy profunda de las decisiones para toda la vida», manifestó el obispo. «No se trata sólo de aquellos que deciden hacerse curas sino de crisis en decisiones en todo ámbito de la vida. En una cultura del bienestar, donde la libertad se entiende como desinhibición, los jóvenes van posponiendo los compromisos», reflexionó monseñor Buenanueva.

«En esto tiene que ver la crisis de los vínculos, los nuevos códigos que manejan los jóvenes (las redes sociales), lo que nos obliga a aprender un nuevo idioma a personas de otras generaciones», agregó.

«A los jóvenes de nuestra diócesis ni se les pasa por la cabeza querer ser curas”, porque “están envueltos en una cultura que vocacionalmente va en otra dirección», concluyó.

Fuente: Aica. AICA

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