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Política - 22 agosto, 2020

Comunicación gubernamental: Cuando una acción puede convertirse en una broma de mal gusto

OPINIÓN: Por Eduardo Reina (*) – Twitter: @ossoreina – Especial para Diario San Francisco

Año 2021. Tras más de un año de cuarentena, el gobierno decide que los argentinos necesitan reírse más. Entonces se crea por decreto una nueva cartera: el Ministerio de la Risa. Imaginemos pues que Martín Rechimuzzi, el humorista favorito de Cristina Kirchner (que incluso lo ha mencionado en su libro Sinceramente) es nombrado Ministro.

También de algunos sectores imaginaban que este cargo lo podía ocupar el ex Midachi Dady Brieva, pero después se decidió que este cómico era demasiado extremista, para un gobierno que quiere transmitir una imagen de moderación.

A partir de este momento, la función del Ministerio de la Risa es entretener a los argentinos mientras los demás funcionarios dan noticias desagradables. Digamos que el Ministerio de Salud tiene que anunciar que la cuarentena se extiende otros 30 días. Entonces, al lado de la Viceministra aparecerá Piñón Fijo haciendo morisquetas O digamos que el Ministerio de Economía tiene que anunciar el default.

Entonces, lo acompañaria Ariel Suárez  (el remero que tomó la decisión de romper la cuarentena y se metió con su bote al agua en el Tigre, en señal de «sigamos remando todos juntos»)  ¿O por qué no poner a un muñeco vestido de «Bob Construye» para inaugurar obras públicas con comentarios de que la obra pública es la solución para el desempleo?

¿Es muy ridículo lo que digo, o este futuro parece no del todo imposible? Los argentinos todavía tenemos que digerir las imágenes de una clown, la payasa Filomena, sentada en una conferencia del Ministerio de Salud de la Nación. La intención, quizás, era buena: enviar un saludo a los argentinos más jóvenes en el Día de las Infancias.

Un payaso subido al mismo podio en el que hablan funcionarios del gobierno rebaja a los funcionarios. Nos hace pensar en una broma, pero en una broma de muy mal gusto. La realidad es que en esa mesa, aunque pese, se tiene que hablar de temas serios: de contagiados, de enfermos y de muertes. No hay manera de disfrazarlo. ¿A quién en el gobierno se le ocurrió que meter una nariz roja en ese contexto sería una buena idea?.

El mensaje que inevitablemente se transmitió, inapropiado, frívolo, un mal gesto comunicacional… sencillamente, un desastre. Otro caso que causo gracia y se viralizó fue el de Lucas Grimson, otro invitado al reporte diario de salud. Este joven funcionario (de apenas 19 años) se sumó a la conferencia con motivo del Día Internacional de la Juventud, y sorprendió por su uso del lenguaje inclusivo: dijo “les pibis”, ya traspasando el uso de la E y explorando todo el rango de las vocales.

Sobran indicios de que la política de comunicación gubernamental está desencaminada. Si es que existe. La comunicación es cosa seria, incluso si ocasionalmente puede hacer uso del humor. En un contexto donde impera la ansiedad social, y la necesidad de mensajes claros, el payaso (o payasa, o payase) lo confunde todo.

La idea que se transmite es que el gobierno en sí no se está tomando sus tareas en serio. La idea de que la risa y el humor fomentan la salud no es nueva, pero en las últimas décadas ha habido algunos casos célebres de “curaciones” mediante el uso del humor. Es cierto. Puede ser una gran herramienta para los payamédicos en el trabajo diario pero la comunicación desde un ministerio debe ser seria, precisa, justa y confiable.

La prueba de fuego: ¿quién se acuerda de lo que dijeron? Lo único que trascendió de la conferencia fue la presencia de la payasa. Otras acciones absurdas lo confirman. Esta semana, fue el castigo al remero olímpico Ariel Suárez por salir solo, en su bote, a entrenar. El caso resonó mucho porque el razonamiento de Suárez: si a los futbolistas les permiten entrenar en equipo, ¿por qué no a él, que lo hace en solitario?. 

Mientras se gastan recursos de la justicia en labrarle un acta, aumentan los casos de abuso de poder policial, e incluso hay desapariciones sobre las que las figuras afines al gobierno no dicen nada.  En este caos, que no es para nada motivo de risa, parece que la profesión de payaso ha pasado a ser una actividad esencial.

«Del ridículo no se vuelve» es una frase que el ex presidente Domingo Faustino Sarmiento utilizara en uno de sus primeros libros: «Viajes por Europa, África y América» (1845/1847), y a la que, según comentan los memoriosos, el también ex Jefe de Estado, Juan Domingo Perón, solía recurrir en las advertencias a sus allegados o en las sentencias contra sus adversarios.

Nota publicada en: Perfil.com

(*) Consultor especializado en Comunicación Institucional y Política, Asuntos Públicos y Gubernamentales, Manejo de crisis y Relaciones con los Medios. Magister en Comunicación y Marketing Político en la Universidad del Salvador (USAL). Postgraduate Business and Management por la Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Es docente universitario en UCA y USAL. Columnista de Diario San Francisco, Perfil.com y FM Milenieum, entre otros medios del país y del mundo.