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El parador Ariston: Una joya arquitectónica del movimiento moderno en Mar del Plata

Quizá su obra más reconocida en el mundo sea el edificio que por sede central tiene la Unesco en París. Todavía muy joven ya había revolucionado el mercado del mobiliario familiar y de oficina con otra joya de su creación, la silla tubular Wassily.

Privilegió los trazos rectos en el diseño de los museos de Whitney y Cleveland, ambos en Estados Unidos. Y aquí, camino a Miramar, Marcel Breuer se inclinó por una silueta de trébol de cuatro hojas para plasmar en dos plantas el parador Ariston, la única huella que dejó en todo el continente latinoamericano este arquitecto húngaro de talla internacional y figura más que destacada del movimiento moderno.

Frente al mar y como disparador de una zona que a mediados del siglo XX prometía desarrollo urbano sostenido, aquella obra estuvo en pie e inaugurada en apenas dos meses de trabajo. Pero el correr de las décadas, los vaivenes de la economía y el oscilante ritmo turístico la condenaron al abandono. Peor aún, transita un proceso de deterioro preocupante.

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Una campaña encabezada por profesionales de la arquitectura avanza ahora con la suma de adhesiones desde una web para pedir y lograr que el parador Ariston sea reconocido y declarado como monumento histórico. El primer paso es protegerlo; y, con buena voluntad y recursos, recuperarlo como la pieza valiosa que es.

Breuer fue uno de los frutos de la reconocida escuela de Bauhaus en Weimar, Alemania, creada y dirigida por el célebre Walter Gropius hasta que el nazismo decidió su cierre. Llegó al país en 1947 para dictar un curso, y contratado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) compartió desempeño en la obra de Playa Serena con sus colegas locales Eduardo Catalano y Francisco Coire.

Entre el faro y Chapadmalal

Casi un solo de ventanales era la imagen original de cada una de las caras de este edificio con losas en forma de cruz y vértices curvos, pensado como restaurante y sede de reuniones sociales. Esas transparencias destacaban la presencia de esta construcción y, ya en el interior, permitían una formidable iluminación natural y aun mejor vista al frente de costa, a mitad de recorrido entre el faro y Chapadmalal.

De sus características técnicas se rescata también la sencillez de esta construcción sostenida por cuatro delgadas columnas y losetas de lava volcánica, material poco usual por esta región y aplicado en este caso para alivianar cargas.

Allí funcionaron la discoteca “Maryana”, el café bar “Bruma y arena” y, ya en los 90 y previo a su cierre, una parrilla, según recuerda el arquitecto Hugo Kliczkowsky, uno de los impulsores de la campaña que desde el sitio www.change.org suma apoyos para evitar que el parador Ariston tenga el peor de los finales.

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“Esta obra de Breuer respeta cuatro de los cinco puntos desarrollados por Le Corbusier como características de la Nueva Arquitectura”, cita Kliczkowvsky, sobre el ABC establecido por la máxima figura del movimiento moderno surgido a principios del siglo XX. En el edificio de Playa Serena se cumpliría con plantas libres y espacio interior libres a partir de columnas que despejan espacios; y una amplia fachada despejada que permita ventanales corridos y terraza/jardín.

“Nací, también me crié en este barrio y en el Ariston fui a bailar por primera vez cuando era pibe y la discoteca se llamaba Incontro”, recuerda Rodolfo Britos, que hoy atiende un kiosco de diarios a menos de 30 metros de la emblemática obra de Breuer. Elogia la pista de baile amplia y los cuatro vértices curvos con sillones en semicírculo, con fenomenal vista al mar que está ahí nomás, al otro lado de la ruta 11. “Hace más de quince años que todo está abandonado”, aseguró.

Simplicidad y exquisitez

Por la trascendencia y trayectoria del autor, arquitectos consideran que esta obra tiene un valor cultural similar a la Casa del Puente o Casa sobre el Arroyo. La creación del arquitecto Amancio Williams, que aquí, con apoyo estatal, fue recuperada de un estado de abandono total, hoy tiene la fuerza de un museo a cielo abierto y está declarada monumento histórico nacional desde 1997.

“El lenguaje del Ariston es de una simplicidad y exquisitez más que importantes, con repercusión mundial”, aseguró la arquitecta Graciela Di Iorio, especialista en preservación patrimonial. Insistió que es una obra que vale la pena conservarla y restaurarla. “Si se lo hace a consciencia, el valor es enorme porque mostrará la vanguardia de aquel momento”, destacó.

El propietario del inmueble, que prefiere anonimato, ha manifestado interés en acompañar un proyecto “serio” que implique la preservación y recuperación del Ariston. Se cree que el parador podría convertirse a futuro en un centro cultural para la zona Sur de Mar del Plata, donde más allá del patrimonio arquitectónico se multipliquen actividades abiertas al público.

La Escuela Bauhaus cumplirá y celebrará en 2019 el centenario de su creación. En Alemania anuncian como parte de esa conmemoración la inauguración de dos nuevos museos en Weimar y Dessau y un “Gran Tour de Modernismo” en 100 destinos del mundo. Una oportuna motivación para atender y revisar que será de la única obra que Breuer dejó en todo América latina.

Fuente: La Nación

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