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Sociedad - 7 agosto, 2021

El valor de lo humano y de las relaciones sociales en los nuevos entornos digitales

OPINIÓN: Por Germán Fassetta (*) – Twitter: @germanfassetta

En su libro “Liderazgo, el poder de la inteligencia emocional”, el psicólogo y periodista científico Daniel Goleman sostenía: “Los individuos con capacidad social suelen tener un amplio círculo de conocidos y la facilidad para encontrar puntos en común con gente de todo tipo, es decir, para lograr una compenetración. Son personas que tienen preparadas una red cuando llega el momento de actuar”.

Esta cita indefectiblemente se centra en un punto neurálgico, en virtud de la importancia de las capacidades y de la preparación permanente del individuo, ya sea desde lo personal o en cuanto lo técnico específico de su campo disciplinar.

Obviamente que este planteo es adaptable perfectamente a las necesidades y requerimientos del análisis de los RRHH de las distintas organizaciones, pero, desde esta perspectiva, se constituye también como un elemento central a la hora de reflexionar sobre las posibilidades que tiene una persona de desarrollarse ya sea desde lo personal, como en lo profesional y laboral.

“Invertir en tomar varios cafés por día”

El planteo de la obra de Goleman va en sintonía con lo expuesto, a modo de tópico disruptivo y movilizador, por el Dr. Flavio Buchieri en la apertura de las clases dictadas en la Especialización en Gestión de Pymes dictada en nuestra ciudad, por la Escuela de Ciencias Económicas del Instituto de Sociales de la UNVM, en el marco del CRES San Francisco: Yo soy mi propia empresa… invierto en tomar varios cafés al día para conocer gente y saber sobre su actividad”.

Podríamos inferir que estas definiciones, que aún resuenan en cada uno de los participantes de este curso, hacen referencia directa a dos de los necesarios elementos del marco de competencias de la “inteligencia emocional” definida por el mencionado pensador americano (Goleman).

Casi todos los elementos de los distintos modelos de IE, encajan en cuatro dominios: Autoconciencia, autogestión, conciencia social y gestión de la relaciones.

La Conciencia Social vendría a ser el cúmulo de sentimientos que tenemos hacia los demás derivados de la capacidad cerebral que nos permite ser empáticos, y que estaría compuesta por lo que se define como la empatía, la sintonía, la exactitud empática y la cognición social.

Desde esta mirada que interpela las capacidades de los nuevos liderazgos a la hora de analizar los RRHH, la Gestión de las Relaciones podría definirse como la capacidad de tomar conciencia de las emociones de los demás y actuar conforme a ellas.

Esta habilidad es el enfoque más sólido y eficiente para mantener y crear nuevas relaciones, la cual se sustenta en la idea de crear un fuerte vínculo entre los distintos actores intervinientes en la relación, donde éstos se sientan que cuenta con alguien entiende su negocio y sus necesidades. El desarrollo de este tipo de relaciones lleva a nuestro proyecto, sea cual fuere, a nuevos niveles de éxito.

Potenciadores cambios de paradigma

La globalización y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, han generado profundas modificaciones en torno a los distintos ámbitos, en especial los vinculados al mundo empresarial, económico y del trabajo.

Estos escenarios, determinados históricamente por la revolución industrial, han acelerado su reconversión, siendo imperiosamente necesario en la actualidad, abordarlos en función de las características y las implicancias de la nueva sociedad del conocimiento.

En estos términos, el catedrático y ministro de universidades español,  Manuel Castells, tratando de adjetivar sobre estos nuevos tiempos de la “Era de la Información” expresaba: “La difusión y desarrollo de este sistema tecnológico ha cambiado la base material de nuestras vidas, por tanto la vida misma, en todos sus aspectos: en cómo producimos, cómo y en qué trabajamos, cómo y qué consumimos, cómo nos educamos, cómo nos informamos-entretenemos, cómo vendemos, cómo gobernamos, cómo hacemos la guerra y la paz, cómo nacemos y cómo morimos, y quién manda, quién se enriquece, quién explota, quién sufre y quién se margina”.

Lo cierto es que estos cambios en la superestructura social, han venido a reconfigurar al mismo tiempo aquellas estructuras organizacionales y profesionales, redefiniendo los conceptos de tiempo y espacio, permitiendo el acceso a toda la información y al conocimiento con el solo hecho de estar conectados.

La pandemia y lo ocurrido en el mundo en lo últimos años exacerbó estos procesos que se venían consolidando desde la década del 90. Esto implica un nuevo patrón  organizacional, empresarial, comercial e industrial, en el sentido de una integración de nuevas prácticas integradas, como así también en lo que respecta a producto, mercado y consumo.

Estamos en presencia de una nueva matriz productiva que ha dejado obsoletos los principios y métodos “fordistas”, redefiniendo además el perfil del trabajador o profesional, en el cual se integran nuevos conocimientos y hábitos laborales que desplazan a las que rigieron en el período concluido en los años 70 y 80.

El trabajo actual, en la era del conocimiento, consiste en una amplia gama de tareas, muchas de las cuales implican intercambios y encuentros con otras personas. La colaboración es un recurso valiosísimo para las organizaciones y proyectos, puesto que ayuda a promover el conocimiento y la creatividad.

Pero la colaboración no es simplemente la interacción entre colegas; se trata de una actividad social cooperativa dentro del marco de procesos complejos. La necesidad de colaboración, comunicación y socialización está en nuestra naturaleza; necesitamos compartir para ser más creativos.

Al respecto, una nota publicada oportunamente por el portal Contract Workplaces expresaba: “Gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación, a la alta disponibilidad de los dispositivos móviles y a la ubicuidad de las redes, el trabajo ya no depende de que las personas estén ancladas al espacio físico para desarrollar sus tareas y, así, la propia naturaleza de la colaboración se transforma. Con equipos de trabajo cada vez más dispersos y una gran cantidad de tecnologías al servicio de la comunicación a distancia, hoy asistimos a un gran crecimiento de la colaboración virtual en detrimento de las reuniones cara a cara. Y, si bien es cierto que los equipos virtuales pueden ser igualmente productivos, lo cierto es que la colaboración presencial es, por lo general, más eficaz y satisfactoria”.

Al rescate de lo humano

Aún en un contexto cada vez más determinado por la tecnología, los algoritmos y la sobreabundancia de información, algunos estudios e investigaciones dan cuenta de la imperiosa necesidad de poner en valor aquellas capacidades y experiencias vinculadas al individuo, las cuales le permiten desarrollarse y presentarse como opción diferenciada en términos del competitivo mercado laboral.

Por otro lado y volviendo a nuestro punto de partida, el manejo de las relaciones sociales y/o interpersonales se ha convertido en un elemento preponderante en la gestión de nuestra vida personal, profesional o corporativa.

Desde esta perspectiva, asistimos paradójicamente a un contexto cada vez más tecnológico y automatizado, pero sobre el cual se impone la necesidad de que las relaciones deben ser cada vez más humanas.

El especialista en Comunicación Corporativa Miguel Tuñez, sostiene en este sentido: “La forma de relacionarnos y comunicarnos ha cambiado tanto en tan poco tiempo que es posible que incluso nos quedemos cortos al hablar de una transformación acelerada. Tal vez deberíamos pensar en una revolución en marcha, en un cambio radical e imparable que nos sitúa en un nuevo modo de entender y hacer las cosas, cada vez más híbrido entre lo off line y lo on line. Hemos pasado de relacionarnos uno con uno, a uno con varios, a todos con todos”

En estos términos, pasamos de la era de la información a la era de la participación, donde cobra real importancia la comunicación estratégicamente empática, es decir, ponernos humanamente en el lugar de nuestros públicos, interactuando con ellos, conociendo sus inquietudes, teniendo en cuenta sus emociones, indagando como piensan, que sienten, que los emociona, que los motiva, que los frustra y cómo tomas sus decisiones.

La importancia de la gestión de las relaciones interpersonales se impone a demás como un elemento que no solo nos posibilitará tener mejores resultados en términos de nuestros objetivos económicos, laborales, profesionales o empresariales, sino que además viene a equilibrar, incluso con una mirada crítica al determinismo tecnológico, la creciente dependencia a los procesos algorítmicos que lejos de acercarnos a un esquema de libre circulación y acceso a la información, nos confina a una especie de Gueto Virtual, donde culminamos interactuando solamente con aquellos internautas recurrentes con los cuales solo compartimos gustos o intereses afines.

(*) – Licenciado en Comunicación Social – Docente universitario.
Foto: Icónica mesa del Bar El Cairo con Roberto Fontanarrosa – elequipo-deportea.com