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Política - 3 septiembre, 2020

«El Senado puede ser un recinto de la alta política o una cueva de ladrones»

OPINIÓN: Por Eduardo Reina (*) – Twitter: @ossoreina – Especial para Diario San Francisco

Hace casi cien años, Lisandro de la Torre dijo una frase lapidaria: “el Senado puede ser un recinto de la alta política o convertirse, degradado, en una cueva de ladrones”.

Es una disyuntiva que está muy clara, sin términos medios. Hablando más en general, el poder legislativo tiene una misión importantísima en la vida democrática y para la sociedad. Si no la cumple, corre el riesgo de convertirse en un circo.

Tenemos exactamente esta sensación después de haber visto la bochornosa sesión del martes en la Cámara de Diputados.

Una escena kafkiana en la que se discutieron no los temas candentes del momento (que son muchos), sino la forma en la que se realizarán esos debates. El presupuesto 2021, la reforma judicial, la reforma tributaria y la movilidad jubilatoria quedaron en segundo plano.

Otra victoria de Cristina Kirchner quien utiliza de conector en la cámara baja a su hijo Maximo Kirchner, que influye poderosamente sobre Sergio Massa, el hombre que maneja camaleonicamente sus decisiones, declaraciones y manejo de la cámara de diputados.

Empecemos por decir que este Congreso se tomó su tiempo para empezar a sesionar. Precisamente en este momento donde su misión debería ser aún más importante. Con una población en cuarentena, con restricciones, el poder legislativo debería ser la herramienta de la sociedad para expresarse.

En cambio, sigue siendo el espacio donde se discuten temas que interesan mayormente a un sector reducido de la sociedad: el de los propios políticos. El Congreso no puede parar. Su esencia es una negociación permanente, que va más allá de los debates en la cámara.

Por eso, tampoco las sesiones virtuales son una garantía. Como sabemos los que usamos estas tecnologías regularmente, una hora en Zoom se hace de chicle, mientras que una hora tomando un café con amigos se pasa volando.

Lo virtual bloquea algunas posibilidades que, en el caso de la política, son esenciales. El Congreso trabaja poco -esto ya es un lugar común- y los diputados son los empleados mejor pagos de la república en relación con las horas trabajadas.

Cobran cifras interesantes e importantes que, además, son muy superiores a las de los legisladores en otros países, disponen de múltiples ventajas y beneficios. Cobran dieta o salario básico, gastos de representación, monto de 20 pasajes aéreos y terrestres que si no lo utilizan como ahora se llevan el efectivo.

Como si todo esto fuera poco, si viven a más de 100 km cobran un desarraigo del 14 % del total de su dieta. El promedio anual de sesiones en ambas cámaras desde el 2012 a la actualidad es solo de 32. En el 2019 hubo apenas 12. Varios diputados ni siquiera hablaron durante ellas, incluyendo al ahora ministro del Interior, “Wado” de Pedro, Nilda Garré, Daniel Scioli, Alejandra Rodenas (hoy vicegobernadora de Santa Fe) y Sergio Ziliotto, actual gobernador de La Pampa.(fuente Revista parlamentario).

Teniendo en cuenta esto, y el bochorno del otro día, es muy fácil para cualquier argentino decir “estos políticos no sirven para nada”. Y es una facilidad que da miedo, porque nos habla de otra ruptura de contrato entre sociedad y política, una que en cualquier momento puede volverse peligrosa.

Las declaraciones de Duhalde, que ya analizamos la semana pasada, fueron hechas a destiempo y mal ¨habladas¨, pero en el fondo transmiten una preocupación que hay que tener en cuenta. Tenemos que verla como una advertencia a la clase política.

Hoy, la gente entiende la política mucho mejor que los propios políticos. Busca soluciones, no discusiones estériles; es espectadora de la realidad y toma nota. Y esta sociedad no escucha que se hable de cómo salir de la pandemia, de la cuarentena, crisis económica, default, inflación, las empresas que quiebran, los aumentos en el desempleo (+15%), pobreza (+50%), indigencia (+10%), la grieta, la reforma judicial, la liberación presos, la delincuencia a pleno, la toma de tierras ni los planes de refundación nacional post pandemia.

Ve que los políticos comen asados y se juntan rompiendo la cuarentena, que siguen perdiendo el tiempo en chicanas y estrategias. Es una situación que sigue sumando presión y quizás, para cuando la noten, ya sea muy tarde.

Continuamente corremos el riesgo de que aparezca algún iluminado y nos lleve a todos puestos. La desilusión de la gente con la democracia es el mayor obstáculo para que la democracia sobreviva.

“Todas las madres quieren que sus hijos crezcan y se hagan presidentes, pero no quieren que mientras tanto se conviertan en políticos”. John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos entre 1961 y 1963.

Nota publicada también en: Perfil.com

(*) Consultor especializado en Comunicación Institucional y Política, Asuntos Públicos y Gubernamentales, Manejo de crisis y Relaciones con los Medios. Magister en Comunicación y Marketing Político en la Universidad del Salvador (USAL). Postgraduate Business and Management por la Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Es docente universitario en UCA y USAL. Columnista de Diario San Francisco, Perfil.com y FM Milenieum, entre otros medios del país y del mundo.