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Economía - 7 marzo, 2020

Re «tensiones» entre el gobierno y el campo: Un problema de comunicación

OPINIÓN: Por Eduardo Reina – Twitter: @ossoreina – Especial para Diario San Francisco

Es una historia antigua. En Roma, hace más de dos mil años, el tribuno Tiberio Graco fue el primero en proponer una ley de reforma agraria (lex agraria) que permitiera transferir tierras de los propietarios más ricos a los campesinos.

El proyecto terminó en un levantamiento político que acabó con el linchamiento del propio Graco, pero no alcanzó para resolver la tensión entre la política y el agro, que siguió por siglos y todavía es parte de nuestro presente.

Dicen que todos los caminos conducen a Roma, pero todos los caminos conducen al campo. Dijo en algún momento el rabino Bergman: «Con todo esto de que “el campo tiene que crecer”; pero esas frases que se dicen todo el tiempo, no crearon un solo puesto de trabajo.

Otros dicen “el campo no entiende el contexto que estamos viviendo y por eso se queja”. La semana pasada, el gobierno de Alberto Fernández anunció una suba del 10% de las retenciones a la soja – esto es, un aumento del 30 al 33%. El tema es en extremo delicado, para quienes recuerden la crisis que generó la propuesta de ley 125 en 2008.

Es un episodio que Alberto Fernández tiene sin duda muy presente, ya que fue aquella situación la que motivó su renuncia como Jefe de Gabinete de Cristina Kirchner. Por ello, la decisión y las negociaciones del ministro de Agricultura, Luis Basterra, han sido en extremo cautas.

El aumento tendrá sin embargo excepciones para los pequeños productores y las economías regionales. De manera que será una forma de financiar y de reinvertir en el sector agropecuario, en lugar de un ingreso devorado por el fisco. Los beneficios tienen una evidente intencionalidad política; taponar la situación con los pequeños productores, evitando un escenario similar al de 2008.

Seguramente es un buen momento para preguntarse por el lugar que ocupa el campo en nuestra sociedad y la forma en que se lo percibe popularmente. No olvidemos que además de un sector económico el campo es una fuerza de poder y política, debe defender sus reivindicaciones no solo frente al gobierno sino también en el juicio de la sociedad.

¿Cuál es la percepción del campo? Se lo tiende a ver como un sector esencial en la historia argentina, pero al mismo tiempo reacio a colaborar con el bienestar del país. El campo tiene sus problemas, por supuesto, pero no puede ignorar que existe y funciona en un contexto en el que los problemas son muchos. Sin embargo los productores viven quejándose. ¿O no?

El campo tiene en general una mala reputación, de la que en parte es responsable la falta de una comunicación efectiva con la sociedad. Lo que se tiende a ver es la manera en que viven, la nueva pick up que se compraron, pero no se ve el trabajo que hay detrás. El sesgo siempre tira para el lado de la negatividad: tendemos a ver el éxito de los otros, pero no su esfuerzo.

Aquí es donde entra la necesidad de comunicar a la gente. Consensuemos una visión común de qué país queremos en lo que es producción agroindustrial y qué marca país podemos generar; empezar a trabajar el sector en el mismo rumbo si no el sector no podrá pueda salir adelante, insertarse en mercados nuevos y generar riquezas para todo el país.

¿Pero pueden comunicar a la ciudadanía sin tener internamente claro que quieren? Una nación tan grande, tan federal, con tantas economías regionales. El campo no sólo es producción agropecuaria de maíz, soja y ganadería.

Es mucho más amplia, ejemplo el Movimiento CREA está conformado por 218 grupos, que a su vez se distribuyen en 19 regiones. Cada grupo está integrado por productores agropecuarios que se reúnen para compartir experiencias y colaborar mutuamente en la toma de decisiones.

Desde Jujuy a la Patagonia, salir del paradigma de la agricultura tradicional para innovar en otras maneras de producir. La argentina debe pensar en un plan colaborativo nacional podríamos denominarlos «agropolis» o centros de desarrollo regionales para generar regiones y no depender exclusivamente de mandar su mercadería a Buenos Aires para su elaboración y manufactura.

Este plan de desarrollo regional hace que lo que ganen lo reinviertan localmente más allá de comprar semillas, plantar y recolectar. Hace falta que le digan a la gente lo que el campo es, lo que produce y lo que genera en términos de empleo y beneficio para todo el país. Y explicar que es por esa razón que quienes lideran el sector viven como viven.

¿Debería preocuparse el campo por esto? Creo que los hechos del pasado nos demuestran que sí. El 2008 también nos demostró, entre otras cosas, que su lugar como actor político en la vida argentina no puede ser soslayado. Y que siempre es mejor tener a la gente de su parte.

Nota publicada también en: Perfil.com

(*) Consultor especializado en Comunicación Institucional y Política, Asuntos Públicos y Gubernamentales, Manejo de crisis y Relaciones con los Medios. Magister en Comunicación y Marketing Político en la Universidad del Salvador (USAL). Postgraduate Business and Management por la Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Es docente universitario en UCA y USAL. Es columnista de Diario San Francisco y Perfil.com entre otros medios del país y del mundo

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