“Me tocó ver como fusilaban a un compañero”

No es una fecha más para Roberto Pisani el día de hoy, sino un día en el que se conmemora el inicio de una de las épocas más atroces de la historia argentina. “Es una fecha muy dolorosa para quienes lo sufrimos muy de cerca y en carne propia. Aunque yo fui detenido antes del golpe, más precisamente en enero de 1976. Esto demuestra que el terrorismo de Estado se venía aplicando antes y era un indicio de lo que iba a suceder”.

Su detención no fue la única en la ciudad. Pero un primer intento de ser detenido tuvo la “suerte” de no ser encontrado. “En diciembre del ’75 viene a San Francisco el Comando Libertadores de América y allana mi casa. Por suerte yo estaba de vacaciones en Buenos Aires pero a mi vuelta me presento a trabajar y me detiene la policía local y le niegan a mi familia la detención. De acá me llevan a la D2 donde estuve un mes y de ahí a la UP1”.

En su relato cuenta que hasta el golpe de estado de marzo tuvo algunos privilegios en el centro de detención. Esto se debe a que podía ver a sus familiares y tener contacto con el exterior. Todo cambió el 24 tras tomar el mando del gobierno la Junta Militar.

A partir de ese momento comenzó el calvario adentro de las cárceles. Sufrieron la tortura y la muerte de compañeros y el escarmiento de los militares. “Un día vi que sacaron a seis compañeros y sólo un volvió pero para contarnos que nos iba a pasar a todos. Los otros cinco habían sido fusilados. Me tocó ver como fusilaban a un compañero de un tiro en el patio. A otro integrante del pabellón 6 lo estacaron en pleno invierno desnudo afuera y lo dejaron morir de frío. Esas eran algunas de las cosas que hacían”.

Sin embargo, Pisani cuenta que siempre tuvieron fuerza para poder soportar estos despropósitos. “Pensábamos que cualquier momento nos podía tocar a nosotros. Pero sacábamos fuerza de no sé donde para aguantar estas atrocidades. Siempre tuvimos las esperanza de que íbamos a zafar”.

En diciembre del ’76 fue trasladado a la famosa cárcel de Sierra Chica en la provincia de Buenos Aires donde pasó los siguientes cuatro años detenido. Aquí las condiciones eran otras y las torturas mermaron en su cantidad. Las celdas eran más chicas y trataban de aislarlos para torturarlos psicológicamente.

Mientras estuvo privado de la libertad tuvo la desgracia de conocer el fallecimiento de su señora, pero los militares no lo dejaron volver al velorio. “Tras conocer lo sucedido con mi señora en el año ’78 no me dejaron regresar para su sepelio. Al año siguiente rechacé una opción de exiliarme y quedar en libertad. Opté por quedarme en el país y permanecí un año más detenido”.

Cuando lo liberaron en La Plata volvió a la ciudad pero luego se trasladó a Brinkmann donde estaba trabajando su hijo. “Le estoy agradecido a la gente de Brinkmann porque me recibieron muy bien y me dieron trabajo. Porque en aquella época darle trabajo a un «ex subversivo» era comprarse un problema. Estando en esa ciudad me enteré que averiguaban sobre mi comportamiento, por lo que la persecución siguió una vez libre”.

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