Policiales

Macri y el liderazgo de las ideas

Qué maravilla ver jugar a un golfista como Tiger Woods. Tiene una cualidad que muy pocos deportistas poseen, pero que es evidente para todos los espectadores. Antes de pegarle a la pelota, Tiger sabe exactamente a dónde va a ir.

Tal vez metro más, metro menos, un poco más a la derecha o a la izquierda; lo que lo destaca es su altísimo índice de aciertos por sobre otros golfistas. Donde pone el ojo, pone la bola. Una especie de computadora mental le permite predecir los resultados de sus acciones.

Para el resto de los mortales, claro, es difícil hacer predicciones. La ciencia lo intenta desde hace siglos, y a veces funciona, pero todavía tenemos problemas para decidir cómo va a estar el clima mañana. Tal vez por eso nunca cae la popularidad de los astrólogos y los tarotistas.

No sería lógico pedirle a los políticos, que también son seres humanos, la capacidad anticipatoria de un Tiger Woods o de un Magnus Carlsen (el actual campeón mundial de ajedrez, y quizás el mejor de la historia). Pero si de cada diez tiros que el gobierno intenta, cinco salen desviados o se pierden entre los árboles, estamos en problemas.

Cuando los errores son tan frecuentes hay, en principio dos posibilidades. La primera es que, efectivamente, los tiros sean malos. La segunda es que el hoyo esté puesto en el lugar incorrecto. Tal vez, en la percepción del público, el gobierno erró un tiro porque se pasó muy lejos del hoyo; pero en la percepción del gobierno el tiro fue perfecto porque en realidad estaba destinado a otro hoyo. Este tipo de desajustes en la percepción provienen invariablemente de errores de comunicación.

Una de las tareas políticas del gobierno es saber establecer la agenda; determinar sus objetivos, y en base a ellos las acciones a seguir y la prioridad de cada una. El segundo paso, crucial, es saber cómo instalar en la opinión pública esa misma agenda que ya se instaló en el interior del gobierno. En política, el que mejor sabe imaginar los diarios de mañana, el que más jugadas se anticipa, es el que gana la partida.

Si el plan de gobierno incluye un trabajo prolongado y a largo plazo (reforma tributaria, reforma laboral, etc.) hará bien en entenderlo y presentarlo como un proceso progresivo y por etapas. No vale ser resultadistas. Siguiendo con las metáforas deportivas, se trata de formar un equipo y realizar un trabajo a largo plazo.

No casualmente, pienso, un mandato presidencial dura cuatro años, que es el mismo tiempo que separa un mundial del otro, y lo que dura en general el “mandato” de un técnico. ¿Pero está el gobierno dispuesto a proponer, y la gente dispuesta a aceptar, un trabajo que no llevará cuatro, ni ocho años, sino mucho más? (Nota de color: los chinos, haciendo alarde de la “paciencia oriental”, acaban de poner en marcha un plan a muy largo plazo, con el objetivo de convertir a su país en el Campeón Mundial de Fútbol para el año 2050).

En Argentina, el gobierno actual y los que le sigan, todavía deben aprender a establecer sus agendas según los cánones del siglo XXI, y de una forma que sea democráticamente responsable. No es extraño que ahora parezca una tarea difícil, después de años de populismo en los que imperaron la confusión y la tergiversación.

El populismo tiene otra forma de establecer su agenda, a posteriori. Para entenderla, es más fácil recurrir a ese chiste sobre un tirador texano, que primero le dispara a la pared de un granero y después dibuja los blancos encima de los agujeros, para hacer gala de su puntería frente a los vecinos. De la misma forma, la lógica populista toma como buenos y premeditados todos los hechos que le suceden. Este tipo de astucia nunca sobra en la política, pero tampoco puede convertirse en el único curso posible de acción.

Una parte muy importante de gobernar es tomar el liderazgo de las ideas. De ellas nace la agenda, y de la agenda nace la legitimación. Y una buena comunicación es el puente necesario entre un paso y el siguiente. Con comunicación, la gente verá al gobierno como un Tiger Woods, un francotirador que sólo de vez en cuando erra un tiro. Sin comunicación, queda un golfista desbocado que nadie sabe bien a dónde apunta.

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(*) Magister en Comunicación y Marketing político Universidad del Salvador. Postgraduate Business and Management. Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Dirección y Realización Televisiva. Buenos Aires Comunicación BAC. www.eduardoreina.com

Imagen ilustrativa: Macri jugando al golf (Foto: Rodríguez/Clarin)

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Eduardo Reina

Consultor especializado en Comunicación Institucional y Politica, Asuntos Públicos y Gubernamentales, Manejo de crisis y Relaciones con los Medios. Magister en Comunicación y Marketing Político. Universidad del Salvador, USAL, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004. Postgraduate Business and Management. Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Actual Presidente Tres Cuartos Comunicación y es Docente Universitario. Anteriormente fue Vicepresidente de Estudio de Comunicacion, multinacional española que figura entre las 10 empresas del ranking de Merger Market de empresas Europeas. www.eduardoreina.com

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