Policiales

Lavantó la cabeza y salió jugando

«Lo que nos define como personas es quién está para la derrota, porque para las victorias están todos”. Esa fue una de las muchas frases que dejó el discurso que dio Elisa Carrió en el centro cultural que, paradójicamente, sigue llamándose Kirchner.

Fue un discurso duro, por momentos incendiario, pero también fue la arenga que necesitaba la gente de Juntos por el Cambio y que ningún otro de sus dirigentes supo darle. Otro tanto había ocurrido el domingo en el búnker de campaña.

Mientras Macri y Vidal habían aparecido con caras largas, desencajados por la derrota, Carrió se paró sola en el escenario y supo reavivar los aplausos. Dijo lo que los militantes necesitaban escuchar: que la victoria en octubre todavía era posible.

En el peor momento del oficialismo, ninguna de las estrellas del gobierno supo estar a la altura. Ni Macri, ni Vidal, ni Marcos Peña, ni Larreta. Mientras todavía volaban acusaciones cruzadas, y los demás dirigentes no entendían qué los había golpeado, Carrió parece haber procesado la derrota en apenas unos minutos. Demostró, una vez más, que es un animal político.

Embarrarse es su ADN. Y no se anda con tibiezas, porque para tibieza ya está todo el resto de Juntos por el Cambio. La figura de Carrió suele ser cuestionada, a veces incluso ridiculizada. Miles de veces oímos que ya le había llegado el momento de retirarse de la política, que no tenía nada que aportarle al gobierno. Pero en estas circunstancias, demuestra que es una pieza infaltable para el oficialismo, e incluso para la política argentina.

Sin ella, Juntos se hubiera terminado de desmoronar después de las PASO. O incluso antes. En esta semana, Lilita salió a la cancha y no solo para las cámaras. Comenzó un verdadero raid de reuniones con empresarios y líderes de opinión. Buscó transmitirles su visión del país después del 47-32 y llevar tranquilidad.

En estas reuniones privadas, el discurso fue más conciliador y muchos menos incendiario. La acompañaban otros dirigentes con los que ha hecho buenas migas, como Mario Quintana (ex vicejefe de gabinete, y aún parte de la mesa chica de Macri). En estas reuniones, Carrió se mantuvo en su idea de que el triunfo todavía es posible en octubre.

Insiste en señalar que las PASO no deciden cargos y, como en este caso ningún partido disputó internas, las PASO no pasan de ser una encuesta (una particularmente cara), y también han sido un cimbronazo positivo para el gobierno.

Carrió insiste en reconocer los errores que se cometieron en los últimos cuatro años, y considera que el resultado de las PASO es bueno en tanto obliga a Juntos a pensar en esos errores. En los días previos a las elecciones, el gobierno se había mostrado demasiado confiado, incluso soberbio.

Estaban convencidos de que podían llegar a ganar o, en el peor de los casos, quedar atrás por 5 puntos porcentuales. Está claro que nadie esperaba lo que ocurrió. Y eso se nota en los discursos desencajados que dio el presidente después de la derrota.

La opinión de Carrió es que, aunque golpeada, la candidatura de Macri todavía es remontable. Sigue viendo el 32% obtenido como algo valioso, e insiste en señalar que, del 47% que recibieron los Fernández, solo un 35% sigue siendo de votantes duros mientras que el resto es volátil.

Solo en el caso de la provincia de Buenos Aires reconoce que dar vuelta los números obtenidos por Kicillof será prácticamente imposible para María Eugenia Vidal.

¿Y qué pasa si la tendencia se ratifica y Alberto Fernández queda ungido como presidente en octubre o en noviembre? Es otro escenario que Carrió ve con relativo optimismo. Si JpC hace una buena elección en octubre, o si al menos sostiene los números de las PASO, tendrá el control de la Cámara de Diputados durante los próximos dos años, mientras que el Frente de Todos se quedará con Senadores.

Un equilibrio de poder que resultaría en un gobierno muy distinto de los de Cristina Kirchner. Alberto Fernández es para Carrió un hombre del establishment, un negociador nato, mucho más accesible que su compañera de fórmula.

Con Cristina tendrá que negociar la gobernabilidad, lo que también será un equilibrio saludable. Y está claro a cuál de los dos prefiere ver Carrió en el Sillón de Rivadavia. Está diciendo, en síntesis, lo que más de un dirigente -y votante- del oficialismo necesita oír, y lo que nadie, ni siquiera el presidente, es capaz de decirle.

Un nuevo gobierno del kirchnerismo es posible sin que por ello sobrevenga el apocalipsis. Especialmente porque será un gobierno construido en otra correlación de fuerzas. Entender esto es fundamental para que el camino hacia el 10 de diciembre pueda transitarse con la mayor calma posible.

Nota publicada también en: Perfil.com

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Eduardo Reina

Consultor especializado en Comunicación Institucional y Politica, Asuntos Públicos y Gubernamentales, Manejo de crisis y Relaciones con los Medios. Magister en Comunicación y Marketing Político. Universidad del Salvador, USAL, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004. Postgraduate Business and Management. Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Actual Presidente Tres Cuartos Comunicación y es Docente Universitario. Anteriormente fue Vicepresidente de Estudio de Comunicacion, multinacional española que figura entre las 10 empresas del ranking de Merger Market de empresas Europeas. www.eduardoreina.com