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La pandemia puso en jaque el tratamiento de personas con TEA y discapacidades

Desde hace cuatro meses, la realidad de toda la sociedad se ha visto impactada por los condicionamientos impuestos por la pandemia. Las medidas que llevan adelante los ministerios de Salud de orden nacional y provincial, y los consecuentes protocolos que se desarrollan por parte del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) organizan sistemáticamente la -nueva- cotidianeidad.

Como parte de ese contexto, familias cordobesas con niñas, niños y personas a cargo con Trastorno del Espectro Autista (TEA) o con discapacidades múltiples elevaron sus voces para pedir que se analice la reapertura -bajo estrictos protocolos- de los centros de tratamiento y rehabilitación que brindan el acompañamiento necesario ante cada una de estas realidades y que se determine cómo continuará esta situación en las próximas semanas.

“Hay familias que lograron encontrar referentes adultos dentro del hogar que sostengan las terapias y servicios. Otras, por diferentes razones no lo pudieron hacer. En algunos casos por problemas de acceso a las propuestas que se redirigieron hacia la virtualidad. Hay una cuestión que comparten todas las historias y es que esta realidad ha profundizado las desventajas de algunas familias, porque los apoyos que necesitan para participar y para aprender se redefinieron con la pandemia. Muchos desaparecieron y otros modificaron sus modalidades. Eso hizo que no todos accedieran a las mismas posibilidades”, remarcó Verónica Angelino, referente de la Asociación Civil Identidades para Personas con Discapacidades Múltiples de Río Cuarto.

Por su parte, desde la Fundación Argentina por los Derechos TEA remarcaron que en muchos casos los tratamientos durante la cuarentena fueron interrumpidos y, en otros, fueron continuados con terapias virtuales. Asimismo, advirtieron la difícil situación que están atravesando las diferentes instituciones y profesionales que se especializan en este tipo de acompañamiento ante la complejidad del contexto actual.

“Los centros de tratamiento penden de un hilo, como la gran mayoría de las pymes de este país. Esto sucede por la cantidad de días cerrados y porque además el pago a los profesionales y al mismo centro por parte de las obras sociales se efectiviza entre dos y cuatro meses después de brindadas las terapias. Por esto el costo de mantenimiento sumado al atraso en los pagos generó el cierre de muchos centros”, manifestó Marysol Amaya, presidenta de Fadetea.

“Hay casos que necesitan volver a la presencialidad”

Angelino recordó en diálogo con La Nueva Mañana que en los últimos días se hicieron visibles diversos reclamos que buscan sostener nuevamente las terapias de forma presencial. Para la referente de Acipdim, hay casos que requieren obligadamente volver a la presencialidad debido a que la complejidad de las intervenciones que necesitan, y más allá del trabajo que se hace para sostenerlos desde las familias.

“No todas las personas en situación de discapacidad tienen condiciones de salud asociadas a los grupos de riesgo -aclaró-. No tienen ni más ni menos riesgo que otra persona de su edad. Sin embargo, no están en igualdad de condiciones que el resto de la sociedad debido a que no pueden acceder a las terapias o a los espacios de apoyo. No se trata solo de que puedan salir a dar una vuelta para entretenerse, se trata de que puedan salir a participar y a aprender si su salud no corre riesgo. Esto tenía lógica en un principio, pero ahora se pide que se revise”, aseveró, y a la vez, destacó el papel fundamental que jugaron las familias en el sostenimiento de los tratamientos y que “algunos profesionales encontraron nuevas formas de realizar sus prácticas y descubrieron un nuevo rol en su aporte a la vida de las personas”.

En referencia a esta problemática, Amaya, madre de Francisco que fue diagnosticado con TEA, remarcó que una de las inquietudes predominantes en las familias y diferentes asociaciones es “la carencia de sistemas que respalden las terapias virtuales”. No obstante, subrayó además que en muchos casos este tipo de prácticas no logran ser del todo eficientes y que en muchos casos no se disponen de prestadores de salud que concurran a domicilio bajo las medidas sanitarias vigentes.

Vale recordar que desde el COE provincial ratificaron, en los últimos días en declaraciones a la prensa, que los tratamientos individuales y presenciales se encuentran habilitadas a través de las profesiones liberales que fueron flexibilizadas como es el caso de psicólogos, psicopedagogos, psicomotricistas. Sin embargo, aclararon que todavía no están permitidas esas prestaciones en los centros especializados debido a la actual situación de emergencia en la que se encuentra Córdoba por el avance del coronavirus.

“Las prácticas cotidianas de los profesionales se han visto afectadas”

“Por la pandemia, los vínculos entre pacientes y terapeutas han sido interrumpidos. La continuidad y el inicio de los tratamientos se han visto truncos y sobre todo en los abordajes vinculados con la discapacidad que implican intervenciones del entorno familiar”, aseguró Jorge Jalile, secretario de Obras Sociales del Colegio de Psicólogos y Psicólogas de Córdoba.

En ese sentido, agregó que los profesionales tienen en claro que, ya sea en materia de discapacidades mínimas a multidiscapacidades o de trastornos de diferentes índole, “se ve un impacto de gran complejidad en relación al seguimiento de los cuidadores, de los acompañantes, de los dispositivos de salud, de los centros, y que hay un impacto de doble cuarentena, que es grave”.

En declaraciones a este medio, Jalile describió a su vez el efecto que tuvo la pandemia en las prácticas profesionales ya sea desde lo económico o en relación a la complejidad de adaptarse a la teleatención. “La tarea ha sido difícil a pesar de que en algunos casos ya se venía trabajando con la teleatención. Sin embargo, de a poco se fue naturalizando. De hecho, habiéndose habilitado algunos medios de atención presenciales hay pacientes que siguen prefiriendo la atención online”, contó.

Por otra parte, evidenció que en materia de discapacidad es altamente necesario sostener este tipo de vinculación. Frente a esa realidad, comentó que en el caso de algunas obras sociales no se reconocen las prácticas de teleasistencia y que desde el Colegio se trabajó fuertemente en ese sentido. “De hecho hasta el día de hoy algunas obras sociales no la reconocen, ya que existe una especie de falta de credibilidad. Eso ha traído consecuencias enormes sobre todo a aquellas familias con algún miembro con discapacidad. El teletrabajo ha sido fundamental para poder sostener los vínculos con los pacientes”, reafirmó.

Al ser consultado sobre la realidad que atraviesan los centros que brindan servicios de tratamiento y rehabilitación, Jalile recalcó que “todo tipo de habilitación tiene que ser pensado en un contexto de pandemia”. “Hoy estamos todos preocupados por la evolución de la enfermedad y claramente se hace dificultosa toda habilitación de centros. Sin embargo, creo que es sumamente necesario tomar algunas decisiones como la de acompañar a nuestros pacientes en la medida de lo posible. Los sujetos se han visto en un encierro que ha sido sumamente complicado en términos del engranaje familiar y sufren al ver detenidos los avances. Debemos poder hacer que los pacientes no se expongan, pero que los tratamientos tengan una correspondencia necesaria para seguir trabajando en esto”, completó.

Fuente: La Mañana. La Mañana