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Política - 21 octubre, 2016

La grieta no cierra y los medios no ayudan

Por Eduardo Reina @ossoreina (*) – Especial para DSF

Está claro que los medios, en tanto empresas, son o al menos deberían ser rentables, y que esta rentabilidad proviene del ráting que sean capaces de generar. Podríamos decir que el ráting, no la información, es su auténtico producto. Es lo que generan, lo que venden a otras empresas, y la información, si miramos bien, es sólo una forma de generarlo.

Claro que no todo vale, porque hay barreras éticas, o por lo menos legales, que impiden que se publique cualquier cosa y de cualquier manera. Pero del caos incesante que es la realidad, los medios pueden elegir los datos que quieren y jerarquizarlos, para generar un producto más atractivo que a su vez los reditúe con mayores índices de ráting.

Sabemos que las malas noticias venden. Las tragedias, los hechos de inseguridad y de violencia, todo lo que produce o agudiza la preocupación y el espanto. ¿Es esto lo que la gente quiere escuchar? No necesariamente. Los seres humanos somos animales preparados para economizar nuestra atención. Esta cualidad -que nuestros ancestros necesitaban para sobrevivir en la naturaleza- nos lleva a prestar más atención a la información más saliente (la más fuera de común, la que parece más peligrosa) y a ignorar lo ya conocido.

Es decir que, más que querer este tipo de noticias, las personas no podemos evitar preferirlas frente a otras tal vez más optimistas. Lo mismo ocurre con las de índole política: todo lo que habla de conflicto, intrigas y violencia captura inevitablemente nuestro interés.

Si extrapolamos estas observaciones al tema de la Grieta (un concepto instalado por los medios para referirse a la división social que generó el kirchnerismo) podemos deducir que su presencia continuada en páginas y pantallas obedece a que se trata, en última instancia, de un negocio.

Aunque la situación política no es ni remotamente la que era hace un año, o en otros momentos más tensos, el kirchnerismo y la Grieta siguen ocupando un lugar preminente en los medios. Hace poco fue noticia el cruce entre Nelson Castro y Axel Kiciloff, recortado en las redes sociales por los que favorecían a uno o a otro, y que parece retrotraernos a las mejores épocas de pugilismo verbal entre Ks y periodistas. La supervivencia del programa de Lanata se explica en su capacidad para seguir explotando los hechos de corrupción del anterior gobierno.

No es nada sorprendente que, según las últimas encuestas, la corrupción lidere una vez más el ránking de preocupaciones de los argentinos (desplazando incluso a la inseguridad y la inflación) cuando a principios de año había quedado relegada al fondo de la tabla.

Claro que aún así las noticias son verdaderas e importantes, pero su presentación reaviva un estado de división que la sociedad empezó a superar el pasado diciembre. Y los medios no son los únicos responsables: al oficialismo le conviene insistir en los escándalos de sus antecesores y justificarse; a los kirchneristas les sirve para seguir teniendo cámara y porque su visión de la política se basa en la noción de conflicto.

Un fenómeno asociado a la saliencia es que nuestra mente se enfoca en la parte más atractiva (o en estos casos, la más alarmante) de la información, dejando de lado la restante, que sin embargo puede ser crucial para ayudarnos a tener una visión completa. Aunque los medios no mientan, un manejo irresponsable de la verdad puede llevar a perpetuar una crisis que está objetivamente superada. Hoy se necesita poner las cosas en orden, pero si no analizamos finamente la información, será una tarea difícil.

Eduardo Reina

(*) Magister en Comunicación y Marketing político Universidad del Salvador. Postgraduate Business and Management. Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Dirección y Realización Televisiva. Buenos Aires Comunicación BAC. www.eduardoreina.com