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Internacionales - 15 septiembre, 2020

“Insane in the Brain” o el arte de parecer loco

OPINIÓN: Por Sebastián Rossa (*) – Twitter: @sebasrossa – Especial para Diario San Francisco

Corría el año 1993 y Cypress Hill, mítica banda de hip hop estadounidense lanzaba su sencillo “Insane in the Brain”, conocido por nuestras tierras como “El loco de la Mente”, llegando rápidamente a escalar en los charts de todo el mundo y convirtiéndose casi inmediatamente en un clásico del género.

Casi 500 años antes, el que muchos llaman padre del primer manual de Política Aplicada, Nicolás Maquiavelo, conocido por su inmortal obra El Príncipe, escribía en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, más precisamente en el Libro 3, capítulo 2, a veces es “algo muy sabio simular locura en el momento justo” al analizar la estrategia tomada por Junio Bruto, destacando la importancia de aplicar una estrategia de “irracionalidad controlada” a la hora de manejar la cosa pública.

Podemos decir que el autor italiano, forjó las bases, entre otras cosas, de lo que Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos, llamaría, la “Teoría del Loco”, en su manejo de la crisis de la guerra de Vietnam.

La misma, aplicada al manejo de las Relaciones Internacionales, se basa en la idea de que ser visto o percibido como una persona mentalmente inestable constituye un activo a la hora de encarar negociaciones con un adversario, generando que, al actuar de manera imprevista o irracional, el oponente pueda retroceder en sus pretensiones y aceptar las condiciones impuestas por el llamado “loco”.

Más allá de los resultados obtenidos por Nixon en la aplicación de esta estrategia la misma, ha sido aplicada por una amplia multiplicidad de líderes mundiales, con distintos fines, y ha despertado nuevamente el interés de analistas y estudiosos del tema con la asunción del presidente Donald Trump en 2016, quien, de acuerdo a diversas opiniones y estudios, utiliza asiduamente este concepto al encarar negociaciones internacionales en todo tipo de ámbitos (político, económico, etc).

Si bien debemos a Nixon el nombre de la misma, el primer desarrollo científico y sistemático de esta temática, fue realizado por Daniel Elsberg , quien plantea el caso de que el líder de un país (identificado con el “chantajista”) realiza una exigencia a otro y amenaza en ir a la guerra si este no la cumple. En este sentido, el chantajista tendrá más posibilidades de tener éxito en su empresa si se muestra “locura” de manera convincente.

Todo esto, de acuerdo con Elsberg hace ver que los líderes percibidos como “locos” pueden ser más creíbles aún en cuando la hipótesis de conflicto tendría un costo enorme para ambos, cuestión muy analizada en escenarios de guerra nuclear, y ampliada reciente por McManus en su aplicación a liderazgos modernos.

Pero la pregunta que nos ocupa el día de hoy tiene que ver con la creencia de que el 45° presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien posee una biografía bastante atípica dentro de los últimos moradores de la Casa Blanca, actúa realmente de manera irracional o está utilizando una versión remozada de la “Teoría del Loco”.
Durante la campaña electoral de 2016, de la que resultó electo presidente de los Estados Unidos, en unos comicios muy reñidos contra Hillary Clinton en 2016, Trump planteó una plataforma que se diferenciaba claramente de las políticas llevadas a cabo por su predecesor tanto a nivel interno con exterior.

El eslogan elegido, “Make America Great Again”, en conjunto con los objetivos planteados dejaban a las claras la intención de Trump de redefinir el rol de Estados Unidos a escala planetaria, combinando recetas típicas del partido republicano, con otras más cercanas al demócrata y algunas propuestas más típicas de movimientos cercanos a la extrema derecha. Entre las más importantes, podemos encontrar: en economía, la voluntad de frenar la deslocalización de empleos (que generó altas tasas de desocupación en algunos sectores de los EEUU) atribuidos al libre comercio, proponiendo en este sentido la salida del Acuerdo Transpacífico, la renegociación del NAFTA (Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte), la suba de los esquemas arancelarios a productos chinos, aumento de la inversión en infraestructura, rebaja de impuestos, entre otros.

En lo que se refiere a Política Exterior, defendió un papel más agresivo de EEUU en el escenario internacional (principalmente con los países vistos como adversarios o incluso enemigos), con mayor gasto militar, principalmente en lo referido a la lucha contra el terrorismo. No obstante, planteaba una política más aislacionista que su antecesor buscando apartarse del esquema de organizaciones internacionales existentes y de los esquemas de control de proliferación nuclear y defensa del medio ambiente.

En este contexto, y en base tanto a la biografía del líder como a su percepción por parte de la opinión pública previa a su elección como presidente, podemos observar que no se trata del tradicional líder norteamericano, no sólo por su conducta demostrada en público, sino además por no pertenecer al establishment político del país del norte. Partiendo de esa base, la política exterior llevada a cabo por el presidente Trump ha exacerbado esa percepción generando que líderes internacionales, determinados medios de distintos países y parte de la opinión pública internacional lo califiquen como una persona por lo menos imprevisible o incluso irracional, argumentando en otro extremo que su conocimiento de política exterior es escaso a nulo o incluso calificándolo de chauvinista.

No obstante, creo necesario hacer referencia a uno de los conceptos más relevantes de su plataforma de campaña y que ha sido utilizado en estos casi cuatro años de presidencia, “Tenemos que ser impredecibles”, respondió al Washington Post sobre su política exterior hacia China, a lo que siguió “somos totalmente predecibles. Y lo predecible es malo”. Con esta frase, Donald Trump hacía vislumbrar parte de su estrategia en política exterior, con un contenido de racionalidad que a veces es obviado, y que hace entrever la aplicación de la “Teoría del Loco” a ella, más precisamente en la tipología de percepción de locura débil de McManus.

Trump cuenta con otro de los activos que le permiten hacer uso de esta estrategia, como es ser presidente de un país suficientemente poderoso para que sus amenazas sean creíbles, lo que McManus considera esencial en la aplicación con éxito de esta teoría. Debemos aclarar que los poderes militar, político, económico y tecnológico, sumado a la voluntad de poder hacen que Estados Unidos sea uno de los actores con mayor poder si utilizamos la “Fórmula de Poder” elaborada por Erramouspe de Pilnik.

Podemos observar este tipo de conducta en negociaciones como la crisis con Corea del Norte en lo referido a las amenazas vertidas por ambas partes sobre una posible guerra nuclear en 2017, la utilización de la Marina norteamericana en la proximidad del Mar Territorial Chino (2020) y en Venezuela (2020), el manejo de las relaciones económico/políticas con China, (Huawei, Imposición de barreras arancelarias, Tik Tok, etc), retiro de organismos internacionales, renegociación de acuerdos comerciales, la construcción del muro con México, entre otros, son muestras, en mayor o menor medida, de la aplicación de la Teoría del Loco por parte del presidente Trump, con un claro objetivo de utilizar, y alentar, conscientemente y de manera racional, la percepción que se tiene de él como un líder irracional e impredecible para utilizar dicha reputación como un activo en procesos de negociación y lograr obtener el máximo rédito del mismo.

Queda claro, al analizar los casi cuatro años de mandato del 45° presidente de los Estados Unidos, que sus formas y acciones han significado en el manejo de la política exterior un cambio de 180 grados con respecto a la política adoptada por su predecesor, el presidente Barack Obama, lo cual demuestra, en palabras del propio Trump, la voluntad de hacer a este país grande nuevamente o en sus palabras y eslogan de campaña, “Make America Great Again”.

Se puede observar en este sentido en la política exterior de Trump que el mismo ha hecho, en mayor o menor medida, pero siempre de manera racional, utilización de los preceptos de la Teoría que analizada, con el claro objeto de sostener o incluso aumentar la presencia de Estados Unidos en el escenario internacional, con un grado de eficacia que oscila según el caso.

Para finalizar, podemos sostener que las medidas tomadas por el presidente de los Estados Unidos, en lo referido a su política exterior poseen una alta coherencia con su plataforma de campaña en materia económica e internacional, con el objeto de volver a posicionar al país del Norte en su otrora sitial en el ámbito internacional y reactivar una economía duramente golpeada desde la crisis de 2008/2009.

(*) Licenciado en Relaciones Internacionales. Contador Público. Master en Economía Internacional