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Fanatismo masculino por los deportes: ¿genético o social?

Dos hombres y una televisión. Solo eso se necesita para comprender el fanatismo masculino por los deportes. Del silencio nervioso a la euforia del gol solo hay un segundo, una medida mínima de tiempo en la que se puede pasar de la alegría a la desazón. Durante años la ciencia se ha preguntado de dónde sale ese fanatismo, ¿Es social? ¿Evolutivo?, ¿Ambos? ¿Por qué las mujeres expresan su pasión por la competencia de otra manera? o ¿Por qué los hombres son más propensos a practicar deportes de equipo?

Para desentrañar estos eternos cuestionamientos, especialistas de la Universidad Estatal de Grand Valley, Michigan, Estados Unidos, realizaron un análisis exhaustivo por décadas de estudios sobre la relación de las personas y los deportes.

Primero, desmenuzaron estadísticas para comprender si realmente ellos practican más deportes que ellas. Para esto se basaron en dos encuesta de 2014 organizadas por parte del mismo instituto educativo: una de 2013 -de la que participaron personas de 50 países- y otra de 2014 -de la formaron parte 37 naciones-.

Allí quedó en evidencia que los hombres son más propensos a practicar deportes en equipo que las mujeres. Si bien la proporción de hombres y mujeres que realizaban algún tipo de actividad física era similar en ambos trabajos, pudieron reconocer un cambio radical a favor del género masculino cuando se diferenciaba entre deportes competitivos -como el fútbol o básquetbol por nombrar algunos- y los recreativos, como el running.

Los investigadores, además, indagaron en si esta diferencia estaba relacionada con la herencia o los resabios de la sociedad patriarcal, en el que las mujeres -al quedarse en el hogar y llevar adelante la familia- tenían menos tiempo, pero se encontraron con que ambos géneros tenían la misma cantidad de horas libres.

«En primer lugar, pudimos demostrar que la representación insuficiente de las mujeres generalmente refleja menor interés, y no meramente un menor número de oportunidades de participación», explicó Robert Deaner, líder del proyecto.

«Las mujeres eligen dedicar su tiempo a actividades que están relacionadas con el entrenamiento físico. Buscan sentirse mejor y a su vez mejorar la figura, aunque lo hacen de manera solitaria, en rutinas de yoga, Pilates o ir al gimnasio», agregó.

El rol del cortejo

El lek es un comportamiento animal, muy característico en aves, aunque también pudo encontrarse en algunas especies de insectos y, por supuesto, en mamíferos. En esta conducta, diferentes machos se reúnen en un solo lugar, para mostrar su plumaje, el tamaño de su cuerpo o el estado físico en que se encuentran y realizan una especie de mímica de combate para establecer quién es el macho alfa, mientras el resto del grupo observa. De esto, a la clásica reunión masculina frente a un televisor para ver un partido de fútbol solo hay que unir los puntos que conforman el dibujo total.

«Este ritual ayuda a las hembras a seleccionar los que tienen los genes más aptos para aparearse, mientras que los machos supervisan las actuaciones ajenas para evaluar los posibles competidores y aliados», dijeron los investigadores en el estudio publicado en Evolutionary Behavioral Sciences.

La batalla de los sexos

Además, sostuvieron que los deportes atléticos tienen un interés especial para los hombres, ya que muchos están relacionados con habilidades que les pueden servir en épocas de conflicto.

«Correr, taclear, tirar proyectiles o hasta avanzar en terrenos son útiles en la guerra. Todos estos deportes no solo sirven para mostrar destrezas en pos de un futuro apareamiento, también para refinarlas en caso de, por ejemplo, una guerra», comentó Deaner.

Esta actitud combativa, de constante pavoneo, no solo sale a la superficie en los deportes de equipo, sino incluso también en los recreativos, como el running.

En el caso de las maratones, donde solo un porcentaje mínimo de hombres tiene posibilidades reales de ganar, diferentes estudios demostraron que son tres veces más propensos a querer ‘ganarle al de adelante’, que las mujeres. En ese sentido, suelen dejar de lado los objetivos previos y buscan mejorar sus récords personales, colocando en primer lugar los impulsos competitivos por sobre la planificación previa, mientras que las mujeres suelen mantener un ritmo más constante.

«Hay una cada vez más creciente evidencia de que los atletas masculinos y femeninos, en general, difieren en su motivación, específicamente su competitividad y la asunción de riesgos», dijo.

Para los investigadores el estudio demuestra que lo evolutivo juega un rol más importante que la socialización del deporte, ya que se «demuestra que existe evidencia convincente de que las hormonas prenatales contribuyen», mientras que «la evidencia de que la socialización tiene un rol fundamental sigue siendo incierta».

Fuente: Infobae. http://www.infobae.com/2016/05/18/1811995-fanatismo-masculino-los-deportes-genetico-o-social

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