Espectáculos

El Rock apagó al frío

El frío fue de los principales protagonistas de la primera noche del Cosquín Rock, pero la música y el abrigo previsto pudieron más y ganaron la pulseada.


Bien temprano en la tarde la multitud ya comenzaba a copar el renovado predio, con un nuevo ingreso mucho más ágil que años anteriores y con la presencia del Escenario Montaña, con una estructura a la medida de los principales Norte y Sur, que denotaba un nuevo espacio para artistas consagrados. Y allí aparecieron los Estelares, que a la hora del te ya demostraba que con una catarata de hits como Una temporada en el amor o Alas rotas está a la altura de las grandes citas. Mientras tanto en el Norte ya había hecho de las suyas Usted Señálemelo, regresando al festival después de 4 años, mientras Guasones también aplicaban su cuota de rock festivo con esas canciones que más de uno tal vez ni sabía que eran suyas, pero de seguro las tarareaba, como es el caso de Como un lobo o Reyes de la noche, que levantaron polvareda en el pogo del sector norte.

El transitar por el predio se hacía cada vez más espeso, los renovados y más amplios espacios Fanatic (con balcones hacia los escenarios Norte, Sur y Montaña), junto a las interminables y hasta dobles filas para poder sacar un ticket para consumir (sigue siendo el gran déficit del festival) impedían por momentos el fluido tránsito entre escenarios. Es que la gente no quiere perderse casi nada, y es lógico, tener a tantos artistas de primer nivel al alcance de la resistencia de las piernas es para no desaprovechar.

Con un ¡Buenas tardes Campeones del Mundo!, Emiliano Brancciari se metió en el bolsillo a todo el Escenario Norte que coreó un éxito tras otro de los uruguayos No Te Va a Gustar.

Cuando el sol comenzaba a caer, en el extremo Sur Conociendo Rusia convocaba a una multitud de jóvenes que festejaba hits de R&R modelo siglo XXI como Más de 30, Puede ser y Loco en el desierto, a la vez que se enamoraba con un romántico Cabildo y Juramento que Mateo Sujatovich se encargó de demostrar el sentimiento que carga para con esa tradicional esquina porteña.

La marea joven se movilizó rápidamente desde el Escenario Sur al Montaña para tirar unos prohibidos con La Delio Valdez. Ya iba cayendo la tarde y el frío en la montaña, pero la cumbia y el baile le ponían el calor necesario para estirar la estadía del abrigo en la mochila. El punto alto de la coreográfica banda porteña llegó, como era de esperar, con Inocente, en la expresiva voz de la ex Bandana Ivonne Guzmán y con el coro general del publico que cantó y bailó a rabiar, dejando en claro que ya no solo de Rock vive el festival.

Ya iba cayendo la noche, el frío potenciado por una pequeña brisa que perforaba cualquier hueco sin abrigo, obligaba a buscar resguardo con cualquier prenda a mano, comenzando por las capuchas que fueron las salvadoras de cuellos y orejas que bajaban al puñado de grados que caían desde el estrellado cielo serrano.

Pero si hay que combatir el frìo, en un reunión de este calibre no hay mejor plan que apoyarse en el movimiento, y que mejor que con la mitad del pogo más grande del mundo, propuesto por Skay con su versión de Jijiji, acompañado de otros clásicos ricoteros como Todo un palo o Criminal Mambo, mientras muy cerca de ese escenario Norte, en la clásica Casita del Blues, ornamentada a lo viejo Lejano Oeste Texano, la corista del Indio Solari, Deborah Dixon, ofrecía su festejada versión de Un tal Brigitte Bardot, coincidiendo la atmósfera ricotera en la mitad del predio de Santa María de Punilla.

Muy cerca de allí, en el Escenario Paraguay, la mexicana Lila Down regalaba canciones para el baile o covers como Clandestino de Manu Chao, dándole paso a otros generadores de nuevos hits, El Mató a un Policía Motorizado cimentó su éxito repasando ya clásicos del calibre de El Tesoro o Ahora imagino cosas.

En coincidencia de horario, los más veteranos debieron doblegarse entre disfrutar del regreso de Catupecu Machu al Cosquín en el escenario Montaña, o la potencia de Divididos en la punta Norte. Los comandados por Fernando Ruiz Díaz se encargaron de reafirmar que en los festivales son una garantía, y de la mano de Magia veneno entre otros, dio muestras de su vigente potencia.

Con un set list bien potente encabezado por El 38 y el clásico de Sumo El ojo blindado, Divididos volvió por tercer año consecutivo al Cosquín Rock (había estado ausente 15 años) y demostró una vez más que es número puesto si de Rock & Roll se trata.

Los más jóvenes tuvieron su momento con la presentación de Trueno, el trapero bonaerense compartió escenario con el mejicano Aleman, haciendo su potente GPS.

Lentamente el público fue abandonando el predio mientras Turf en la punta Sur hacía saltar a una multitud con canciones de cancha como Pasos al costado, y en el otro extremo, Juanse celebraba su momento con amigos como Celestre Carballo, con quien versionaron Ruta 66, Mateo Sujatovich que le dio su solo de guitarra a La Nave o Leòn Gieco, en un par de clásicos de su autoría del calibre de El Fantasma de Canterville y Pensar en Nada.

Para el final, como ya es casi un clásico de los últimos años, tuvo su turno la música electrónica de la mano de renombrados DJS internacionales como Enrico Sangiuliano o Charlotte de White, dándole el cierre ideal a una noche demasiado otoñal para esta época estival, pero con la alegría de un público masivo que entiende que es un condimento más para esta maravillosa experiencia llamada “Cosquín Rock”.