Política

El Papa habló para la humanidad, la política escuchó para sí misma

OPINIÓN – Por Eduardo Reina – Especial para DSF

Nunca antes un Papa había hablado ante las Cortes Generales de España. El hecho fue histórico. Sin embargo, lo más interesante no ocurrió durante el discurso de León XIV. Ocurrió en los diez minutos que siguieron.


Porque antes de que el hemiciclo enfriara el calor de la ovación de siete minutos con la que todos los bloques “todos”, incluidos quienes no aplaudieron su llegada— despidieron al Pontífice, cada partido ya había decidido qué parte del discurso le pertenecía. No por reflexión. , si no solo por instinto de supervivencia política.

El ministro Félix Bolaños salió a decir que el Gobierno estaba “absolutamente alineado” con los mensajes principales del Papa. Pedro Sánchez subrayó la “coincidencia” con el Vaticano en materia migratoria y de paz. Alberto Núñez Feijóo suscribió el discurso “de la A a la Z”. Y Santiago Abascal, el líder del partido que más contradicciones acumulaba con lo dicho por León XIV, ejecutó la pirueta más llamativa de la tarde: afirmó que la política migratoria que quería para España era precisamente la del Vaticano, porque “si uno entra ilegalmente o con violencia, tiene multa, tiene cárcel y prohibición de entrada.”

Es decir: el Papa defendió la acogida de migrantes y la dignidad de los refugiados. Y Abascal usó al Papa para defender el cierre de fronteras. Nadie parpadeó ni se inmutó

León XIV habló durante más de treinta minutos. Abordó, sin pausa y sin ambigüedad, la polarización, la migración, la inteligencia artificial, la guerra, el aborto, la eutanasia, la educación, la libertad religiosa y la dignidad humana. Un discurso que, por su propia arquitectura, estaba construido para incomodar a todos por igual.

Defendió la vida desde su concepción, pero también denunció el trato inhumano a los migrantes. Reivindicó la familia, pero alertó sobre los peligros de convertir el adversario en enemigo. Elogió la historia e identidad de España, pero advirtió sobre el riesgo de que la pluralidad política “degenere en descalificación permanente del adversario.”

Lo dijo en el Congreso. Mirando a las caras de quienes llevan años haciendo exactamente eso.La respuesta fue una ovación de pie.

A los pocos  minutos, hubo  declaraciones en las que cada cual encontró su propio reflejo y ninguno encontró cuestionamiento alguno. El PSOE celebró la sintonía y, por boca de su portavoz, aclaró que “no comparte el cien por cien” cuando llegaron las referencias al aborto y la eutanasia. El PP lo suscribió entero. Vox no se dio por aludido. Los independentistas subrayaron el “respeto a la diversidad de los pueblos.”Nadie se sintió interpelado. Ni uno.

Hay un dato que merece atención y que la propia prensa recogió: todos los grupos parlamentarios salieron satisfechos del mismo discurso. Esa coincidencia no es una virtud del Papa. Es una confesión de la política española.

Cuando izquierda y derecha, gobierno y oposición, centralistas y nacionalistas, encuentran en las mismas palabras la confirmación de sus propias posiciones, la conclusión no es que el mensaje fue genialmente conciliador. La conclusión es que nadie lo procesó. Todos llegaron con la respuesta preparada y solo necesitaban el  final del discurso ,

La ciudadanía lo vio y tomó nota de todo . No hace falta ser analista político para notar que algo no cuadra cuando todos ganan con el mismo resultado. La gente, harta de años de crispación manufacturada, tiene el oído muy fino para ese tipo de cinismo. Lo reconoce.

Lo que ocurrió en las cortes, no fue un accidente. Fue otra demostración de que el sistema político  ha perdido la capacidad de pausa. La reflexión ha sido sustituida por el posicionamiento.

León XIV trajo a España un discurso que merece debate real y que tal vez algún político dijera: esto me incomoda, esto me obliga a pensar, esto cuestiona algo de lo que defiendo. Ese político no apareció aún .

“Alzar la mirada.” Es un  llamado a superar los intereses electoralistas y demoscópicos. En los pasillos del Congreso, la mirada no se alzó. Se dirigió, como siempre, al siguiente titular.

Quizás esa sea la enseñanza más profunda que León XIV dejó en Madrid. No sobre la Iglesia. No sobre la fe. Ni siquiera sobre España en particular. Sino sobre una política occidental que ha perdido algo fundamental: la capacidad de dejarse cuestionar.

Vivimos una época en la que los dirigentes ya no escuchan para comprender. Escuchan para responder. No buscan reflexionar.

León XIV habló para el mundo. España escuchó lo que necesitaba oír. La diferencia entre ambas cosas es, exactamente, el diagnóstico.

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Eduardo Reina

Consultor especializado en Comunicación Institucional y Politica, Asuntos Públicos y Gubernamentales, Manejo de crisis y Relaciones con los Medios. Magister en Comunicación y Marketing Político. Universidad del Salvador, USAL, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004. Postgraduate Business and Management. Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Actual Presidente Tres Cuartos Comunicación y es Docente Universitario. Anteriormente fue Vicepresidente de Estudio de Comunicacion, multinacional española que figura entre las 10 empresas del ranking de Merger Market de empresas Europeas. www.eduardoreina.com