Policiales

Un día como hoy: Los alemanes se rinden en Stalingrado

Esta contienda bélica superó todas las batallas anteriores por su duración y encarnizados combates, por la cantidad de participantes y los pertrechos de combate que se usaron. Se desarrolló en un territorio enorme (100 mil km²) y en diferentes etapas. Participaron en ella más de dos millones de efectivos, dos mil tanques, dos mil aviones y 26 mil piezas de artillería.

Anteriormente, sin realizar luchas frontales, los alemanes rompían las defensas a golpes de tanques y unidades motorizadas, rodeaban los flancos rusos y amenazaban con cercar las ciudades, con lo que obligaban a huir el Ejército Rojo. Al acercarse a Stalingrado, los alemanes cambiaron su táctica efectiva. De repente empezaron a manifestar una tenacidad desaforada y luchaban por cada metro de tierra.

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En la segunda mitad de 1942 se desarrollaron otros indicadores que permitieron cambiar el curso de la guerra: en primer lugar, las fábricas rusas empezaron a trabajar a toda máquina y la producción creció impetuosamente; en segundo lugar, el movimiento guerrillero comenzó a tener un papel activo en las operaciones militares, atrayendo la atención del 10 % del ejército del Wermacht y dañando considerablemente sus comunicaciones, obstaculizando sus suministros de armas y productos alimenticios.

Si en un principio las partes beligerantes era iguales en fuerza, con el tiempo la superioridad del ejército soviético aumentó poco a poco.

La batalla de Stalingrado comenzó el 17 de julio de 1942 y se prolongó por 200 días. Se dividió en dos: la defensa, hasta el 18 de noviembre; la ofensiva, a partir del 19 de noviembre.

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Para el 22 de julio los fascistas desplegaron en Stalingrado 250 mil efectivos, cerca de 740 tanques, 1.200 aviones, 7.500 piezas de artillería y lanzaminas. El ejército soviético contaba con 187 mil soldados, 360 tanques, 337 aviones, 7.900 piezas de artillería y lanzaminas. La proporción de fuerzas estaba a favor de los fascistas.

El 15 de julio, en la región de Stalingrado fue declarado el estado de guerra. Hasta el último momento los habitantes creían que la ciudad no sería ocupada y no la abandonaban, sino que continuaban construyendo trincheras y otras obras de fortificación. Hasta el 23 de agosto, sólo un cuarto de la población (445 mil habitantes) había dejado la ciudad. Durante un mes de resistencia tenaz, los defensores consiguieron preparar más de 2.800 kilómetros de obras defensivas, 2.730 trincheras, 1.880 kilómetros de obstáculos antitanque y llegaron fuerzas adicionales.

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Los alemanes descubrieron en seguida los puntos débiles de la defensa: la falta de artillería antitanque y antiaérea y la poca experiencia militar de los ejércitos de reserva. En cambio, el sexto ejército del Wermacht, una de las mejores tropas terrestres alemanas, aguerrido en los combates y entusiasmado por las victorias recientes, se apoyaba en el poderío de la aviación de la cuarta aeronáutica. Pero ni con todo ello conseguirían cumplir su objetivo principal: rodear y destruir el ejército soviético que protegía los accesos a Stalingrado y ocupar la ciudad.

El 28 de julio del 1942, en medio de los más duros combates en el frente del sur, Stalin firmó su famosa orden №227 “Sobre la prohibición de la retirada de las posiciones ocupadas sin previa orden o medidas tomadas para su mantenimiento”, conocida también como la orden “Ni un paso atrás!”.

Este documento sirvió como medida de fuerza en un momento en que decaía la disciplina en las tropas y crecían los rumores de la decadencia del ejército soviético. En ella se apuntaba: “… Nuestros medios son ilimitados. El territorio de la Unión Soviética no es el desierto, las personas son obreros, campesinos, intelectuales, nuestros padres, madres, mujeres, hermanos, niños… Nuestro frente recibe cada vez más y más aviones, tanques, artillería, lanzaminas. ¿Qué nos falta? Nos falta el orden y la disciplina. Si queremos salvar la posición y defender a nuestra Patria, debemos establecer una disciplina férrea.”

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Así, se estableció una disciplina de hierro: la retirada sin previa orden se equiparó a la traición a la Patria. Las consecuencias de tal normativa fueron unívocas y hasta ahora no han sido estudiadas, pero produjo el efecto tan necesario de movilizar al decaído ejército.

El 23 de agosto, el ejército alemán se acercó a la ciudad de Stalingrado. Ese mismo día la ciudad fue bombardeada masivamente durante muchas horas. Según los testigos, el cielo se estab negro de tantos aviones. Más de 40 mil de personas murieron ese día y 80 mil resultaron heridas o quemadas. La mitad de la ciudad fue destruida, las llamas subían por cientos de metros en el aire y el río Volga, cubierto de petróleo, ardía.

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Hacia mediados de septiembre, los combates ocurrían ya dentro de los muros de la ciudad. Si antes el frente del sur del ejército soviético dejaba que tomaran las ciudades prácticamente sin combatir, está vez les dieron una sorpresa desagradable a los soldados del Wermacht: los defensores de la ciudad luchaban casa por casa, metro a metro y en Mamáyev Kurgán, la colina desde la que se dominaba toda la ciudad, sobresalieron por su tenacidad.

Hitler mandó a Stalingrado nuevas fuerzas, los más experimentados combatientes asaltaban la ciudad, mientras en los flancos atacaban los ejércitos alemanes y rumanos más débiles.

La última tentativa de apoderarse de las posiciones del ejército soviético la emprendieron el 15 de octubre. Después el turno ofensivo sería del Ejército Rojo. Durante los cuatro meses de ataques, los alemanes tuvieron 700 mil bajas, entre muertos y heridos, perdieron más de dos mil de piezas de artillería y lanzaminas, más de mil tanques y cerca de 1.400 aviones.

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La ofensiva del Ejército Rojo recibió el nombre de «Urano» y comenzó el 12 de septiembre. La operación se realizaría por las tropas soviéticas en tres frentes, bajo el mando de Nikolái Vatutin, Konstantín Rokossovsky y Andréi Yeriómenko.

Durante el mes de octubre y la primera mitad de noviembre, en Stalingrado se concentraron los ejércitos frescos de reserva. La superioridad numérica estaba del lado del ejército soviético. El 19 de noviembre, comenzó la contraofensiva. Al cuarto día de combates, el Ejército Rojo consiguió con sus 330 mil soldados y oficiales romper las posiciones de los hitlerianos en los flancos y rodear el sexto y una parte del cuarto ejército de tanques. Hitler trató de abastecer por aire su rodeado ejército, pero fue repelido por la potente aviación soviética, que no permitió a los pilotos de Luftwaffe dominar en el aire.

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Como resultado, los alemanes se quedaron sin suministros y fueron condenados a morir de hambre y frío, algunos de ellos se entregaron. El oficial del Wermacht G.Velts recuerda: “¡Los soldados alemanes se entregaban voluntariamente al adversario… eso era algo nuevo y tan difícil de creer que al principio no podía entenderlo! Pero los informes confirmaban este hecho. La muerte llega a nosotros en cualquier forma: es el proyectil que silba desde el instrumento de infantería, el de gran calibre que gruñe, la mina que aúlla… la ración de hambre, el tifus ávido, el frío mucho más abajo del cero … «.

Los soldados soviéticos ya saboreaban la victoria futura. El político A.D.Kolésnikov escribió en su diario el 28 de diciembre de 1943: “Creo que para nosotros, los soldados, el año de 1943 traerá la victoria y no nos encontraremos el siguiente 1944 en las condiciones infernales que tenemos ahora … ¡Cuánto hemos sobrevivido en este tiempo! Muchos compañeros míos solamente en los últimos tres meses en Stalingrado encanecieron, eso sucedió no por una vida dulce….»

En enero de 1943, comenzó la operación para eliminar al enemigo, bloqueando la región de Stalingrado. El 2 de febrero, los que quedaba del sexto ejército del general Paulus se dieron por vencidos.

Los soldados soviéticos derrotaron a cinco ejércitos cerca de Stalingrado: dos alemanes, dos rumanos y uno italiano. El ejército nazi perdió más de un cuarto de todas sus fuerzas durante esta batalla, según diferentes cálculos perecieron y resultaron heridos de 800 mil hasta 1.5 millones de soldados u oficiales fascistas. La historia de las guerras no conocía otro ejemplo de una completa eliminación de un ejército tan numeroso y equipado con novísimos pertrechos.

El triunfo de Stalingrado demostró que la potencia del Ejército Rojo había aumentado. Sin embargo la victoria tuvo un precio muy alto: el ejército soviético perdió más de 1.1 millones de soldados y oficiales.

La batalla de Stalingrado fue una etapa decisiva de la guerra. Al tomar la iniciativa estratégica, el ejército soviético la mantuvo hasta el final de la guerra. En febrero de 1943, comenzó la ofensiva en todos sus frentes, desde Leningrado hasta el Cáucaso. La derrota de sus cinco ejércitos enterró las esperanzas de los alemanes de vencer a la URSS.

https://youtu.be/Tk9EaW0iiS4

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