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Claves para dominar el arte de un buen sexting

MADRID.- Las palabras pueden ser armas de destrucción masiva o matar lentamente, como enfermedades degenerativas; pueden sumirnos en la más profunda depresión o reanimar a un muerto. Las palabras, especialmente las escritas, cuyo soporte les confiere solemnidad y permanencia, pueden cambiar el rumbo de las cosas, generar expectativas, suscitar intereses, derrumbar ideologías y llevarnos al abismo o al éxtasis. «El producto más franco, más libre y más privado de la mente y del corazón humano es una carta de amor», dijo Mark Twain. Víctor Hugo recalcó la necesidad, no sólo de los sentimientos o el sexo sino de narrarlos, cuando escribió en cierta ocasión a Adèle Foucher: «Hay que amarse y luego hay que decírselo y luego hay que escribírselo».

D.H. Lawrence sentenció: «Guarda silencio cuando no tengas nada que decir, cuando la pasión genuina te mueva, di lo que tengas que decir, y dilo caliente». Una frase redonda que podría resumir el espíritu de este artículo y que nos previene de darle al teclado del móvil cuando no tenemos nada interesante que expresar; porque la primera regla para el sexting ,y para casi todo en la vida, es que 0 es mejor que -5. Los espíritus sensibles y amantes de la literatura prefieren el silencio a una frase excesivamente tópica, insípida o low cost, con suficiente potencial para arruinar una cita y hasta una relación en vías de desarrollo.

La mayoría de los artículos que hablan del sexting pecan de algo muy grave a la hora de enseñar: decir lo que hay que hacer, poniendo ejemplos de mensajes calientes para todos los públicos. Pero si queremos alcanzar algo más que el nivel básico, lo mejor es proponer estrategias, además de lanzarse a la lectura de poesía como si no hubiera mañana. «Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos» es una frase de Pablo Neruda (Veinte poemas de amor y una canción desesperada) que Jane Campion utilizó en su thriller con Nueva York como telón de fondo, Encarne viva (2003).

A veces, si no sabemos muy bien qué decir, podemos dejar que los maestros lo hagan por nosotros; aunque siempre en dosis homeopáticas, para no acabar como pedantes o convirtiendo nuestra cuenta de WhatsApp en un compendio de frases de la literatura universal.

Lo mejor es guiarse por lo que siente nuestro corazón o nuestra experiencia y tratar de plasmarlo en palabras, huyendo siempre de las frases hechas, que al venir manufacturadas y envasadas han perdido ya toda su autenticidad. Antes que caer en un tópico aplicable a cualquiera, es mejor arriesgarse a ser un cursi o una bestia; ya que, al fin y al cabo, son seres animados. Y de animarse se trata, porque el sexting es como una relación sexual trasladada a la pantalla del móvil. Hay que seguir ciertos preliminares, especialmente si estamos empezando con alguien. Así como el primer beso es crucial, el primer mensaje erótico también, por lo que hay que ir con cuidado y no enviar muestras de nuestros genitales al ligue de una noche de verano. Las fotos pueden ser muy útiles pero, antes de llegar al hardcore, hay toda una gama de posibilidades a explotar, ¿qué tal un escote, una espalda, un pie con intenciones obscenas o ropa interior estratégicamente colocada o tirada por el suelo? Para ideas sugerentes y excitantes sugerimos ver el trabajo de algunos fotógrafos eróticos como el japonés Rikki Kasso o la rusa Arina Sergei.

En confianza

«Sextear» con alguien de confianza permite, sin embargo, muchas más licencias, como saltarse los preparativos e ir directo al grano, utilizar un lenguaje privado con doble significado, que sólo los dos miembros de la pareja conocen, y pasar de la poesía a la prosa y a la pornografía en cuestión de segundos. James Joyce es casi tan conocido por su Ulises como por sus cartas eróticas, en las que saltaba del romanticismo más empalagoso al lenguaje más soez, como por arte de magia. A Joyce no le falta imaginación a la hora de rememorar y anticipar lo que ocurre entre las sábanas o en las porquerizas.

Otro punto a tener en cuenta a la hora de narrar el deseo es la intención con que se hace. ¿Queremos poner «a punto» al otro antes de una cita y, así, adelantar trabajo? ¿Es un mensaje de gratitud tras una noche memorable y, al mismo tiempo, un grito disimulado de que uno se ha quedado con hambre? ¿La movilidad laboral separa a la pareja y se trata de mantener la relación a base de WhatsApps, sesiones de Skype y llamadas en el horario de tarifa baja? Las tácticas a emplear serán entonces distintas y combinarán la lujuria pura y dura con una combinación de sentimientos, deseos y pensamientos sucios. Pero la regla a seguir es que cuanto más tiempo hay, más elaborados y penetrantes deberían ser nuestros mensajes.

No hay que olvidar que si el sexting es el equivalente literario a una relación sexual, esto implica un cierto feedback por parte del otro; ya que, de lo contrario, estaríamos ante un proceso masturbatorio. Al no tener a la persona enfrente hay que leer entre líneas y saber cuándo hay que parar la conversación o dejarla para otro momento. De la misma forma, si estamos dispuestos a seguirla, deberemos contestar dentro de un período de tiempo razonable. Las esperas pueden ser excitantes pero, si se dilatan demasiado actúan como jarros de agua fría. Existen también frases o contestaciones ambiguas que pueden servir para seguir la charla cuando no sabemos muy bien qué decir pero nos gusta lo que leemos y no queremos cortar la comunicación.

La mayoría coincide en que los mensajes deben ser breves y concisos. Pero si usted, lector, ha llegado hasta aquí es que los gurús de las webs y las redes sociales, que preconizan que todo lo que exceda de determinados caracteres no se lee, se han equivocado. Además, la tendencia en el mundo digital es a hacer las paces con la retórica, como se apunta ya en el hecho de que Twitter planee ampliar sus 140 caracteres a 10.000 por tuit.

El costado lúdico

El nivel advance del sexting incluye ya algunas prácticas o juegos como el de crear una historia. Uno empieza proponiendo un escenario para que tenga lugar un relato erótico que las dos partes irán inventando por turnos y haciendo propuestas al respecto. No olvidemos que los teléfonos móviles han creado todo un mundo de posibilidades para encuentros fugaces a deshoras o quickies en horarios laborables. A Dios gracias, esta tecnología no existía aún en los tiempos en los que Don Draper campaba a sus anchas por Nueva York. De ser así, es probable que hubiera muerto prematuramente, de infarto de miocardio, en algún hotelucho del Midtown.

El sexting puede empezar con una invitación dentro de hora y media en algún lugar y puede ir seguido de pistas o instrucciones (objetos o ropa que hay que llevar o no llevar) para que las cosas se desarrollen según un plan previsto. Otros encuentran excitante lo que se ha bautizado como photo striptease, que es la versión sexting del strip poker. El que pierda o no conteste correctamente a las preguntas deberá quitarse una prenda y hacerse una foto sin ella. Para darle mayor emoción a este deporte se recomienda su práctica en días más bien frescos, ya que el calor puede hacerlo excesivamente breve, y los límites los pone cada uno.

Por último, no hay que olvidar que los emoticones eróticos o Flirtmoji -así se llama esta colección- pueden dar mucho juego a los que no tengan inconveniente en mezclar sexo y humor. Algunas imágenes son claramente descifrables (un pantalón empalmado, un preservativo, dos esposas); pero otras, dentro del apartado de libre interpretación (dos sandías, un lobo aullando o un pecho rodeado por el anillo de Saturno), pueden dar lugar a muchas lecturas. ¿Qué tal enviar un sext al estilo de los jeroglíficos egipcios para informar a nuestro partenaire sobre lo que nos gustaría hacer esta noche para que lo descifre?

Fuente: La Nación

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