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Así comenzó el Festival de Peñas: un evento de otro cantar

Nadie se acuerda, pero antes este festival de Villa María se hacía con un ojo en el público y otro en el cielo. Si llovía, todo naufragaba. Desde tres días antes del comienzo, la noche del viernes la ciudad venía sufriendo tremendos chaparrones. Pero en 2020 eso ya no importa. A sus 53 años, el Anfiteatro techado se resguarda del mal clima.

Así, la primera noche agotó sus plateas con anticipación y las tribunas estuvieron llenas. El mayor atractivo era sin dudas Carlos Rivera, puesto a cerrar de madrugada.

A las 21.30 se cumplió con el rito: Miguel Borsatto gritó “Peña y corazón abierto”, y la Agrupación Folclórica Villa María bailó con pilchas gauchas sonidos tradicionales que ya suenan en pocas partes del show. Como unos malambos, por ejemplo, destreza que a la gente le gusta ver y aplaudir.

Después, todo sería otra cosa. Habría más folklore con Jorge Rojas, pero ese es otro cantar.

La apertura musical asignada a la banda local Arrasa como Topadora fue como otorgarles el premio consagración de su festival. Las chicas de Villa María tuvieron una elogiada actuación años atrás, cuando les tocó estirar su show de dos temas, llevándolo a 40 minutos para cubrir un bache del programa. Crecieron. La banda es más grande (sumó cuatro varones), y su carisma es arrasador.

Arrancaron con Traición a la mexicana, en su estilo cumbia. El mismo sello le pusieron a Y tú te vas, de José Luis Perales. Les va muy bien con temas propios, como esa historia de indefinición amorosa que es Te quedas o te vas, y se llevan puesto el estadio con el salpicado de temas de Gilda.

Volvió el malambo con el ballet de la academia Pasión, previa del primer plato contundente.

Se hizo esperar. Antes hubo que ver pasar a reinas de 18 fiestas nacionales de nueve provincias, reconocimientos y compromisos protocolares. Cuando faltaba un cuarto para las 11 de la noche, fue por fin el turno de Jorge Rojas.

Manso y tranquilo, entró diciendo sus verdades con Mi cantar y Lo que el tiempo me enseñó.

La primera parte estuvo asentada en esos temas que buscan decir algo más que frases de amor. Por eso siguió con La batalla, para después irse hacia arriba con A todo corazón.

Después de quedarse con el tramo central de la noche, dejaría el escenario para Destino San Javier y el cierre al mejicano Carlos Rivera, el primer internacional de este año.

En la previa, Banda Luces, de Córdoba, trajo un toque para la nostalgia de la trova rosarina que alguna vez también pasó por este escenario. Otro valor local que dejó muy buena impronta fue el animador Leo Roganti. De la vecina Villa Nueva, despertó la atención en la difícil tarea de dominar ánimos de platea y tribunas. Antes había estado el actor y humorista Nazareno Móttola, quien se movió, agitó, e hizo hasta que una pareja de nueve años de novio se prometiera casamiento.

Fue también un día de paso de autoridades trayendo aportes. El vicegobernador de Córdoba, Manuel Calvo, dejó por la mañana más de cinco millones de pesos, y el ministro de Turismo de la Nación, Matías Lammens, dejó por la noche elogios al festival y la ciudad.

Fuente: La Voz del Interior. La Voz del Interior