«A las puertas de Kiev»: El análisis de un sanfrancisqueño sobre el conflicto en Ucrania

OPINIÓN: Por Sebastián Rossa (*) – Especial para Diario San Francisco

Hace unas semanas atrás el mundo comenzaba a ver con preocupación los movimientos de tropas rusas sobre la frontera de Ucrania, país vecino a la otrora potencia soviética, y con quien comparten una historia muy cercana, argumentando el premier ruso que los mismos sólo consistían en ejercicios militares conjuntos con su aliado Bielorrusia.

Este hecho podría haber pasado inadvertido en otro momento y en otro contexto si no tuviésemos en cuenta la historia cercana y la interacción entre la actual Federación Rusa y Ucrania.

A principios de 2014, Ucrania, y más precisamente Crimea se convirtieron en el foco de una de las peores crisis entre Occidente y la Federación desde el final de la Guerra Fría, y el desmembramiento de la Unión Soviética.

Recordemos que la caída del muro de Berlín y la posterior división de la URSS que en su apogeo llegó a contar con 15 repúblicas dentro de un estado federal (de las cuales Ucrania era parte), pero altamente centralizado y de raigambre comunista, significó el fin del llamado mundo “bipolar” en donde ésta y Estados Unidos (con sus respectivos aliados) formaron dos grandes bloques político-económicos y dieron nacimiento al período histórico conocido como “Guerra Fría”, nunca llegando, no obstante, a un conflicto bélico directo entre las dos potencias, lo cual para muchos analistas hubiese significado el inicio de un tercer conflicto global y probablemente, teniendo en cuenta el arsenal nuclear de ambos, el fin del mundo con lo conocemos.

La situación de la Federación Rusa, sucesor claramente diezmado de la ex URSS, fue crítica durante los primeros años posteriores a 1991, recuperando poco a poco un fuerte liderazgo (en muchas ocasiones tildado de autoritario) con la aparición de su actual premier Vladimir Putin, ex agente de la KGB, con una clara intención de renovar la grandeza de los años de gloria de la Unión Soviética y hombre fuerte de Rusia por dos décadas.

Volviendo a la situación de Ucrania, luego de un breve análisis de contexto que nos servirá para entender la situación actual, en 2014, y teniendo en cuenta que el pueblo de Ucrania se encontraba dividido casi por partes iguales entre aquellos que querían una mayor acercamiento e integración con la Federación Rusa, por un lado, y los que apoyaban una alianza con la Unión Europea y con la OTAN, Moscú decidió intervenir después de que el presidente de Ucrania (prorruso) Viktor Yanukóvich, fuera derrocado tras una serie de protestas lideradas por la población más propensa al acercamiento con occidente. En ese contexto, el gobierno de Putin decidió intervenir para, en palabras del premier “proteger a la población prorusa”, a través de una “intervención suave” que llevó a un referéndum en donde, la mayoría de los habitantes de Crimea (de acuerdo a lo informado) votaron por ser parte de Rusia.

No obstante, esta región Ucraniana no es la única que ha buscado dejar de formar parte de la antigua república soviética y pasar a ser un miembro más de la Federación Rusa. Las regiones de Donetsk y Luhansk, limítrofes con Rusia, y ubicadas al este de Ucrania, han buscado, desde hace tiempo, lograr el mismo objetivo que Crimea.

Es por ello que, en un conflicto que ya lleva 8 años, con promesas y compromisos incumplidos por ambas partes (léase los acuerdos de Minsk) con miles de muertos en estos últimos años por las escaramuzas llevadas a cabo por ambos bandos en las dos regiones anteriormente nombradas, con apoyo ruso a los “voluntarios” (término bastante cuestionable por cierto) que defendían las mismas de los ataques de un gobierno que Putin considera como pro occidental,  y con el objeto de “desmilitarizar y desnazificar” el territorio ucraniano (en sus palabras, sin mencionar que el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, es de origen judío y además nieto de un excombatiente ucraniano en la Segunda Guerra Mundial), el 24 de febrero pasado, el ejercito Ruso atravesó las fronteras que separan Ucrania de Rusia, Bielorrusia y Crimea, llegando hoy a enfrentarse con el ejercito y la población local en las mismas calles de su capital, Kiev, con un importante saldo lamentable de pérdidas humanas.  

Si nos ponemos a analizar las causas de este conflicto, la cuestión del acercamiento del régimen de Zelenski a occidente, y la voluntad de Ucrania de ser parte de la OTAN, llevando la frontera del Tratado a la misma Rusia (como ya ocurrió con Letonia, Lituania y Estonia) hubiese sido un claro fracaso para el régimen de Putin en materia estratégica. La utilización del argumento de protección de los civiles de inclinación rusa en las regiones de Donetsk y Luhansk, se convierte en sólo una excusa para justificar una acción que viola en todo sentido el derecho internacional y la integridad de un país soberano como Ucrania.

Del otro lado, las potencias occidentales y gran parte del mundo, han repudiado fuertemente el accionar de Putin, han apoyado con fondos y recursos militares a Ucrania y han impuesto una serie de variopintas sanciones económicas, políticas, deportivas, que tienen por objetivo disuadir al invasor de cesar con su accionar, cuestión que, a excepción de la exclusión de las entidades financieras rusas del sistema SWIFT, el resto de las mismas no creo personalmente que tengan un importante efecto en la voluntad del régimen Ruso. Decimos gran parte del mundo ya que la excepción en este sentido han sido China (como estado más relevante en el escenario internacional) y unos pocos países más que han apoyado a Rusia.

Más allá de las medidas descriptas arriba, y desde las primeras declaraciones del presidente estadounidense Biden, ningún soldado de EEUU (y me atrevería a decir de la OTAN) participará directamente del conflicto bélico. Hacer esto implicaría, a mi entender, el enfrentamiento directo de dos potencias nucleares, con los efectos que esto puede tener para la seguridad internacional, más aún teniendo en cuenta que Ucrania no es miembro de la OTAN por lo tanto, no es aplicable el Art. 5 del Tratado de Washington por el cual si atacan a un miembro de la Alianza, atacan a todos.

Entonces llegamos al día de hoy en el conflicto. Si bien muchas veces este tipo de enfrentamientos puede escalar de formas no antes previstas, es poco probable la intervención directa de actores ajenos al conflicto, como anteriormente mencionamos en caso de OTAN, por las implicancias que esto conlleva.

Tampoco conviene una guerra prolongada al régimen de Putin, en lo que se refiere a recursos militares, económicos, apoyo de la opinión pública de su país, e incluso efectos de los mercados, tanto por las sanciones como por las expectativas de los mismos, cuestión que podría suscitarse si hablamos de una invasión tradicional y la voluntad de tomar el territorio completo de Ucrania. La utilización de tácticas como la guerra de guerrillas por parte del ejército y de los civiles en Kiev podría hacer muy difícil al ejército Ruso hacerse con el control del mismo. De allí el llamado a negociaciones que se ha planteado con el claro objetivo de darle un fin rápido al conflicto y acordar una salida.

Como anteriormente mencioné, los conflictos bélicos pueden tener, debido a su dinámica, finales inesperados, no obstante, de este análisis creo que podemos estimar dos cuestiones importantes.

Primero, que el futuro próximo de Ucrania estará intrínsecamente unido al de la Rusia de Putin, ya que queda a las claras que el régimen Ruso tiene la voluntad de no dejar que este país caiga dentro de la órbita occidental y demostrar su poderío en esa zona de influencia.

Por otro lado, este hecho, plantea un precedente por lo menos complejo, ya que por un lado, avala de una u otra manera la posibilidad de que una potencia pueda utilizar medios armados para hacerse de un territorio vecino que “genere problemas” violando toda la normativa internacional y sin que la comunidad internacional intervenga de manera directa (lo cual desnuda además las falencias del entramado de instituciones internacionales), sino a través de sanciones económicas, políticas, etc. El caso de China y Taiwán ha aparecido mucho en los análisis de los últimos días.

Los próximos días nos desvelaran como continua esta situación y el rol de cada uno de los actores en la misma. Sólo esperemos que la finalización del mismo sea rápida y con la menor pérdida de vidas posibles, ya que las imágenes que nos llegan desde Ucrania, nos hacen recordar una vez más a los horrores que implican un conflicto de estas características.

(*) Licenciado en Relaciones Internacionales. Contador Público. Master en Economía Internacional