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El factor tecnológico y su influencia en la relación política fundamental

El surgimiento de Internet y sus derivaciones a través de una mayor accesibilidad de los dispositivos tecnológicos, conocidos como Internet de las Cosas; mayor disponibilidad cuantitativa de información y, cualitativamente, acceso a la misma en tiempo real; la aparición y difusión de las redes sociales y su uso social generalizado; el crecimiento exponencial de la Inteligencia Artificial, son algunos de los procesos que vienen modificando la dinámica de los sectores social, económico, político, cultural, de defensa y seguridad en los últimos años.

Dentro de ese amplio espectro, al delimitar el análisis de este fenómeno al sector político, las transformaciones tecnológicas mencionadas han cambiado la forma de hacer política en la relación política fundamental, definida por el binomio mando-obediencia. Dichos cambios son visibles en ambos extremos de dicha relación, con una situación nueva que busca legitimarse a través de mecanismos institucionales que incorporen la nueva realidad signada por la emergencia del cambio tecnológico.

Si se analiza esta cuestión desde el poder político constituido en autoridad, las nuevas tecnologías ofrecen nuevas plataformas administrativas y comunicadoras desde las que ampliar los canales tradicionales que le permiten gestionar la cosa pública en todas sus etapas. Es así que en todo el proceso que va desde la planificación, pasando por la gestación, procesamiento, ejecución, comunicación a la sociedad y hasta el control de gestión de los proyectos y políticas públicos, es factible su realización usando las nuevas tecnologías.

Es decir la digitalización de la función pública incorpora la Internet en los mecanismos burocráticos poniendo al sector público al unísono con el resto de los sectores sociales y económicos que se encuentran operando en tiempo real merced a dicho factor tecnológico.

Ello se da en un contexto internacional, en el que sus actores operan e interactúan en diverso grado e intensidad valiéndose de dichas tecnologías, igualmente en tiempo real, con un entramado de relaciones de carácter fundamentalmente transnacionales, combinador con estructuras de organización territorial y jerárquica, como los Estados, en un contexto mundial signado aún por las tensiones entre la desorganización típica de la ausencia de una autoridad central internacional y la búsqueda de una convivencia en paz y estabilidad.

Si se considera este fenómeno desde la sociedad civil al interior de cada Estado, se observa que desde hace ya unas décadas merced a las innovaciones tecnológicas se ha ido gestando un creciente mayor acceso a la información. Este fenómeno permite combinar los nuevos instrumentos tecnológicos con los medios tradicionales ya existentes y que aún subsisten. En tal sentido, si bien los cambios en el factor tecnológico facilitan los mecanismos de participación política, al mismo tiempo, dicho proceso se da aún de un modo bastante caótico. De tal modo ello es así, que no queda claro que tan eficientemente se transitan instancias claves como el procesamiento de todo ese cúmulo de información; articulación institucional para la participación ciudadana; uso, abuso y manipulación informativa e ideológica; articulación de la participación ciudadana entre múltiples actores intervinientes y aspectos más técnicos que tienen que ver con la seguridad informática e “higiene digital”.

En este escenario la vertiente más importante a mi entender es el cambio cultural que estos procesos implican y que en apariencia se verían subsumidos y hasta ocultos detrás de la emergencia del cambio tecnológico, cuando en realidad el paradigma cultural es independiente del tecnológico. La dificultad que esto conlleva se relacionaría con la devaluación del factor cultural que en realidad se está produciendo, lo que a su vez desencadena o acentúa procesos sistémicos de carácter entrópico de amorfismo axiológico, disfuncionalidad y amputación creativa y la consiguiente desvalorización de la función arquitectónica que le cabe a la política, como la ciencia y arte del bien común para el organismo social.

En tal sentido y para ir concluyendo, considero que la incorporación de los cambios tecnológicos es siempre una decisión política que se relaciona con un concepto de organización socio-política, en cuya base se encuentra el factor cultural. Renegar de ello es desarticular el tejido socio-político, atomizar las voluntades individuales y anárquicas, que cuentan con potentes y accesibles nuevos medios de interacción, comunicación y participación ciudadana. El debate sobre estas cuestiones es una tarea pendiente para las sociedades en los tiempos actuales signados por profundas transformaciones, principalmente en aquellas civilizaciones más nuevas y que han nacido de la amalgama de fuertes encuentros civilizacionales, como la latinoamericana.

Tal debate es básicamente territorial, a contra sensu de los procesos globalizadores que la innovación tecnológica impulsan y acentúan. Renegar, omitir, falsear o postergar el debate estratégico fundamental de lo que una sociedad organizada en Estado fue, es y aspira a ser es declinar la decisión política fundamental, base del edificio institucional y del proyecto de país sobre los que se asienta un pueblo determinado organizado en sociedad política y actor de su destino histórico como nación. El factor tecnológico está llamado a facilitar la organización, implementación y posterior gestión de los debates sociales fundamentales para que de ese modo dicho factor funcione como un medio para fines superiores definidos mancomunadamente y con un sentido social unitivo y ampliamente participativo.

(*) El autor es Doctor en Politología y Licenciado en Relaciones Internacionales.

Foto ilustrativa: Mientras todos intentan fotografiar a los actores de la película «Black Mass», la anciana solo observa. Foto: John Blanding/The Boston Globe
Fuente: Nota original con citas bibliográficas