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Economía - 3 noviembre, 2017

Reforma fiscal 2017: ¿De qué se trata? ¿Beneficia? ¿Perjudica?

OPINIÓN: Por Andrés Peretti (*) – Especial para DSF

El final del mes de octubre trajo novedades tributarias que ameritan una nota de opinión para Diario San Francisco. El pasado martes, el Ministro de Economía Nicolás Dujovne presentó el proyecto de reforma impositiva. Sin perjuicio que aún resta transitar por el debate parlamentario, es interesante conocer de qué se tratan las modificaciones propuestas y cómo pueden impactar en el órgano más sensible del ser humano: el bolsillo.

Con la reforma se busca dotar al sistema tributario de equidad y justicia, hacerlo más eficiente y eficaz, reducir la presión tributaria, incentivar la inversión y desalentar la evasión fiscal, entre otras ambiciosas metas.

Como cuestión preliminar, sin perjuicio que los grandes beneficiarios —al menos, de manera directa e inmediata— son las empresas, las personas físicas —humanas, según la ley— tuvieron algún que otro alivio impositivo.

Por ejemplo, los impuestos internos que recaen sobre celulares, televisores y similares, autos de gama media ($380.000 a $800.000) y motos de igual característica ($70.000 a $140.000) han bajado su alícuota de imposición al 0%, mientras que se registra un aumento en relación a aeronaves, embarcaciones de gama alta ($430.000), motos cuyo valor supere los $140.000, bebidas alcohólicas, gaseosas en general —salvo light’s y sin azúcar— y cigarrillos. El servicio que prestan Netflix y Spotify se verá alcanzado por el IVA, así como también la descarga de aplicaciones en celulares y notebook’s.

Con excepción de estos últimos, la reforma impositiva buscar crear estímulos y desincentivos. Por un lado, existen beneficios fiscales para productos de consumo masivo, mientras que por otro se castiga con un impuesto más alto a bienes accesibles a pocos y/o a actividades que se consideran potencialmente nocivas para la sociedad.

También se elimina el impuesto a la transferencia de inmuebles (“ITI”, equivalente al 1,5%) y en su lugar se gravará la venta de las segundas viviendas —no casa habitación— o con fines de lucro con un tributo del 15%.

Asimismo, con la derogación de las exenciones que recaían sobre los depósitos bancarios, títulos públicos y similares, las personas físicas tendrán que abonar el denominado impuesto sobre la renta financiera equivalente al 5%. El mínimo no imponible, es decir, el “piso” a partir del cual se paga el tributo, sería $52.000. En consecuencia, si un Banco paga una tasa de plazo fijo del 25% anual, el impuesto se dispara siempre que dicha colocación supere los $200.000.

De todas maneras, retomando el eje central, el proyecto de ley presentado por el Gobierno forma parte del paquete de normas —incluida la reforma laboral— que pone como centro a las empresas, ya que se entiende que son las compañías el motor que genera el crecimiento económico de un país.

Así pues, como primera medida, se reduce la presión tributaria. Actualmente, las sociedades tributan el 35% de sus ingresos con el impuesto a las ganancias, y el objetivo es bajar gradualmente el impacto en un 10%, llegando al 2021 con una tasa efectiva del 25%.

También el Fisco devolverá el IVA a las empresas que en lugar de repartir sus ganancias entre los socios y/o accionistas, opten por realizar inversiones de infraestructura. A ello debe sumarse la eliminación del anacrónico impuesto a los débitos y créditos bancarios, conocido como “impuesto al cheque”.

Ahora resta que el Congreso haga su trabajo. Esperamos que el tratamiento del proyecto sea acorde a la realidad propia de la temática, pues el impacto de los impuestos en la economía local e internacional es notorio, más aún si deseamos atraer nuevos inversores a nuestro país.

Sin perjuicio que aún perdura el clima de euforia por las últimas elecciones, anhelamos que la reforma no se convierta en ley mediante las infames sesiones express, tal como ocurrió con el parche al impuesto a las ganancias ocurrido a finales de 2016, el cual también comentamos para este multimedio.

De todas maneras, en última instancia, el impacto en el bolsillo dependerá de los eslabones en la cadena productiva de bienes y prestadores de servicios. Argentina es uno de los pocos países del mundo en el cuál la baja del barril de crudo de petróleo no impacta en el precio final de los combustibles. Por el contrario, suele aumentar. Así que, por las dudas, y para evitar fuertes decepciones, evada las ilusiones en exceso, pues no necesariamente la rebaja en los impuestos importará un beneficio para los consumidores finales de bienes y servicios.

(*) Abogado -UNC-, Especialista y Magíster en Derecho Tributario -Universidad Austral, Buenos Aires-

Estudio Peretti