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Las causas de la inmigración piamontesa a nuestras tierras

Recurrentemente surge el interrogante del porqué nuestros ancestros dejaban una de las zonas más hermosas de Europa (norte de Italia) para venirse a este territorio donde todo estaba por hacerse. En esta nota, que rescata distintas investigaciones y documentos, se tratan de abordar los contextos y circunstancias que determinaron la venida, entre otras colectividades, de los inmigrantes piamonteses a nuestra región.


La inmigración italiana en Argentina se define como el proceso ocurrido durante la última parte del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, cuando aproximadamente 3.5 millones de italianos llegaron al país, constituyendo cerca de la mitad de todos los inmigrantes europeos que arribaron durante ese período.

Esta comunidad se convirtió en la más numerosa y con mayor influencia cultural en Argentina, superando en número a los descendientes de españoles y dejando una huella profunda en la sociedad, especialmente en la lengua y las costumbres locales. De hecho, Argentina posee la mayor comunidad de origen italiano fuera de Italia.

Lo cierto es que este proceso estuvo influenciado por diversos factores geopolíticos que se produjeron de ambos lados del océano Atlántico. En primer lugar, la Italia unida, que surge en la segunda mitad del 1800, inicialmente no tuvo una infraestructura estatal capaz de resolver los problemas locales de los ciudadanos, y fue dominada por corrupción, desempleo (mayoritariamente rural) y desigualdad entre las clases sociales, una situación que perduró en el tiempo y llevó a que muchos italianos decidieran buscar oportunidades en otros países, usualmente en el Hemisferio Occidental.

Al otro lado del mundo, el gobierno argentino había ganado nuevos territorios en la guerra de la Triple Alianza (1860-1870) contra Paraguay y la Conquista del Desierto en la Patagonia, que estaban despoblados. Para establecer la presencia de la nación en las nuevas fronteras, el Estado argentino requería mano de obra barata para construir nuevos asentamientos. Como es sabido, el gobierno nacional, compuesto de personas de ascendencia ibérica, no confió en los pueblos indígenas, los redujo, les quitó las tierras y fomentó la llegada de inmigrantes.

Zona de Piamonteses

La inmigración piamontesa ocurrió principalmente entre 1876 y 1915, siendo la crisis agrícola en Italia el mayor factor de migración.​ Ya para el 1895 representaban el 30 % de la inmigración italiana. La mayoría partieron de las provincias de Cuneo y Alessandria, seguidos por Turín y Novara. En Argentina se establecieron principalmente en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. En estas dos últimas, el 80% de los italianos de las colonias agrícolas eran piamonteses.

Después de la unificación de Italia en 1861, las mejoradas condiciones sanitarias -hechas por el nuevo gobierno unitario- crearon un abultado crecimiento demográfico de la población italiana. Entre 1861 y 1911 la mortalidad (especialmente infantil) disminuyó enormemente, mientras que la natalidad se mantuvo elevada a causa de la influencia católica que promovía los nacimientos. Esto conllevó un gran crecimiento de la población joven de Italia en esos 50 años, que desembocó en una emigración en masa que -no pudiendo ir hacia las recientemente creadas colonias italianas en África- se dirigió hacia las Américas. Argentina era una de las metas preferidas por tener un clima parecido al italiano y por contar con una amplia disponibilidad de tierras para trabajar.

Factores determinantes

Además de la mencionada crisis agraria que se desarrollaba en su país de origen, la decisión de migrar estaba influenciada por la búsqueda de mejores oportunidades económicas («hacer la América») y por políticas públicas de colonización argentina que fomentaban la agricultura. En este contexto, la mayoría de los piamonteses, caracterizados por su laboriosidad agrícola, se asentaron en Santa Fe y Córdoba, formando lo que se denominó «pampa gringa».

Durante esta época, el Piamonte sufrió sobrepoblación rural, pobreza y una crisis económica que impulsó la emigración, a menudo buscando alcanzar un rápido ascenso socioeconómico, coincidiendo con un gobierno argentino que promovía la inmigración europea para ocupar tierras y desarrollar la agricultura, especialmente a través del ferrocarril que conectaba áreas rurales.

A diferencia de otros grupos que poblaron Buenos Aires, los piamonteses se radicaron mayoritariamente en el centro, sur de este de Córdoba y Santa Fe, especializándose en la agricultura, la cría de ganado y la creación de colonias.

Su presencia fue tan fuerte en zonas como la «pampa gringa» que el idioma piamontés llegó a predominar en la vida cotidiana sobre el español en esos entornos rurales durante décadas.

Documentos históricos

En una reseña que realiza la Asociación Familia Piamontesa de San Francisco, en su portal  www.familiapiemontesa.com.ar, explica que los factores que incidieron para promover la inmigración desde el Piemonte hacia la Argentina se deben buscar entre los intereses de la época.

Es indudable que los viajeros argentinos de entonces, ya conocían la proverbial aplicación al trabajo de los italianos, suizos y españoles, en particular de los piamonteses. Hubo difusión propagandística que indudablemente influyó en el ánimo de los presuntos colonos. En la Argentina se ofrecían tierras lo que era una firme promesa de gran futuro.

A las autoridades monárquicas italianas de aquel entonces, les resultaba un alivio permitir el éxodo de sus connacionales, en razón de la exigüidad del ámbito local; se trataba de una sociedad pastoril agrícola donde todo estaba hecho.

Existía una tercera premisa, el propio interés de los inmigrantes que venían a la Argentina a «hacer la América», es decir su triunfo personal.

En este marco, de 1853 a 1856, se firman en Santa Fe, numerosos contratos de colonización. En la provincia de Córdoba, en su margen Este, comienza a partir de 1885, cuando se percibe que Santa Fe lo ha hecho con buen éxito. Así se funda San Francisco en 1886, y Don José Bernardo Iturraspe trato de atraer colonos ofreciéndoles pagar las tierras con el producido de las mismas.

Acuden a este llamado, los inmigrantes que adquieren entre 150 y 300 hectáreas por familia. De allí en mas es notable la influencia que ejerce el Ferrocarril, que llega a nuestra ciudad en 1889. Con el transcurrir del tiempo y manteniendo el espíritu de los mayores, los descendientes de ellos, hoy habitantes de nuestra ciudad, constituyen, aproximadamente, el 90% de la población.

La tierra prometida

LA ‘TERRA PROMESSA’ DE LOS PIEMONTESES, Etnicidad, dialecto y religiosidad, investigación realizada por el Pbro Edgar G. Stoffel, publicada en www.centropiemontestafe.com.ar, da cuenta de la importancia que ha tenido la emigración de la población piamontesa hacia nuestro país entre los años 1876 y 1915, al punto de haberse convertido en el destino por excelencia de los mismos, al menos hasta comienzos del siglo XX.

Las razones que están en la base de este fenómeno enraízan en la tradición migrante de la región y en la crisis que debido a diversos factores vive el Piemonte especialmente en el ámbito agrario entre los años 1880 y 1894 que lo convierten en un área marginal de la economía y política italiana.

A esto debemos agregar la fuerza atractiva de la ‘terra promessa’ que genera en los piamonteses la esperanza de lograr en ella mejores condiciones de vida incrementada por las informaciones que los emigrados remiten al ‘paese’, la propaganda de las empresas marítimas y la rápida consolidación de una comunidad de pertenencia fuertemente étnica.

Hay que señalar que de las provincias con la que contaba esta región, las mayores expulsoras fueron Cúneo (76,47 %) y Alessandría (66,47 %), siguiéndole a razonable distancia Torino (54,45 %) y Novara (50,90 %).  Estos porcentajes están en íntima relación con el tipo de tierras dedicadas a la agricultura y la atomización de la propiedad. De hecho, las zonas de las que provienen la mayor parte de los inmigrantes se corresponden con los sitios más montañosos donde la tierra es poco fértil y donde se cuenta un propietario cada 4 has.

El ámbito espacial de radicación abarca el Departamento Castellanos, el oeste del Departamento Las Colonias, buena parte de los Departamentos San Martín y San Gerónimo y el oeste de San Cristóbal en la provincia de Santa Fe y el este del departamento San Justo en la provincia de Córdoba.

Un recorrido por las colonias de la zona no deja lugar a dudas sobre la identidad piamontesa tal como sucede –por citar algunos ejemplos- en Saguier donde el 91,3 de las familias eran de ese origen, en San Francisco donde lo eran el 80 %, en Rafaela con un 76,5 %, en Presidente Roca con un 73,3 % y Susana con 54, 9 %. También podemos decir lo mismo de Gessler, Lehmann, Vila, Marcos Juárez y Freyre.

Cabe señalar aquí la importancia que tuvo el dialecto piamontés se convirtió en una verdadera fuerza identitaria, teniendo en el núcleo familiar su bastión principal.

Decilo en piamontés

Harto elocuentes son al respecto los testimonios recogidos en la segunda década del siglo XX en Freyre donde se señala que “la lingua ufficiale è qui il piemontese” y en Santa Clara de Saguier donde hasta el Juez de Paz y el Comisario –a pesar de que eran argentinos- hablaban dicho dialecto, lo cual era la práctica habitual en las casas de comercio y en diverso tipo de reuniones. Su influencia se mantuvo hasta la década del ’50 a pesar de la descalificación que sufría en el ámbito educativo y su asimilación con el mundo rural alejado de la cultura urbana

La centralidad del piamontés que en la vida cotidiana llega a suplantar al idioma oficial de nuestro país, pone de manifiesto la supremacía como grupo étnico y económico de los hablantes originales y sus descendientes -que siendo ya argentinos- se identifican por varias generaciones con la lengua recibida. Esto implica no solo la conservación endogámica del dialecto sino también la asunción del mismo por otros italianos que se encuentran en minoría frente a ellos, inmigrantes de otras nacionalidades e incluso los nativos que por razones laborales debían aprenderlo para entenderse con los propietarios de las chacras.

El Papa piamontes

El Papa Francisco (Jorge Bergoglio) hablaba piamontés, lengua que había aprendido de su familia inmigrante en Argentina. Este dialecto era considerado una de sus verdaderas lenguas maternas, y lo utilizó en varias ocasiones como con la expresión “mugna quacia” (cara de monja callada) durante las audiencias.

Su padre, Mario José Bergoglio, emigró desde la región de Piamonte, y Francisco había mantenido un estrecho lazo afectivo con sus primos en Asti, Italia. Como ocurrió con la mayoría de los descendientes, se cree que Bergoglio aprendió piamontés de sus padres y abuelos en su infancia, además de hablarlo con la comunidad de inmigrantes italianos en Argentina. A pesar de ser un políglota (español, italiano, latín, entre otros), el Papa Argentino demostró en más de una ocasión el dominio del piamontés en visitas a la tierra de sus ancestros, donde lo utilizó para conversar con sus familiares y en misas.