Política

En una inauguración de sesiones caliente, Milei dijo que Argentin está «saliendo del pozo»

La ceremonia comenzó pasadas las 21. El Presidente se salió varias veces del discurso para gritarle a los kirchneristas, que no pararon de increparlo. Frialdad de Martín Llaryora. Estuvo De Loredo.


El presidente Javier Milei abrió este domingo el período de Sesiones Ordinarias del Congreso de la Nación con un discurso de fuerte tono político, en el que defendió el rumbo de su gestión, reivindicó el ajuste fiscal y redobló las críticas contra el kirchnerismo.

La ceremonia comenzó pasadas las 21, en horario central televisivo, una estrategia que el oficialismo sostiene para ampliar la audiencia del mensaje presidencial. En la llegada de Milei, hubo un frío saludo entre el Presidente y Victoria Villarruel, la vice y máxima autoridad del Senado.

En sus primeras palabras ante la Asamblea Legislativa, Milei afirmó que el país atraviesa un punto de inflexión. “Hoy volvemos a mirar hacia el futuro con esperanza, sabemos que hay un camino hacia adelante”, sostuvo. Y agregó una frase con eco internacional: “Podemos hacer a la Argentina grande nuevamente”, en alusión al eslogan del presidente estadounidense Donald Trump.

El mandatario aseguró que su Gobierno “cumplió con todas las promesas de campaña” y definió a la Argentina como “un país libre de default”. Reivindicó el ajuste fiscal y señaló que “se terminó con la inflación, no solo sin subir impuestos, sino bajando el gasto en 2,5 puntos del PBI”. Según planteó, “el ajuste lo hizo la política”.

Durante el discurso hubo cruces con diputados opositores, especialmente del kirchnerismo. Ante cuestionamientos vinculados al caso Libra, el Presidente respondió a los gritos: “¡Sigan mintiendo, chorros!”.

Más adelante volvió a cargar contra ese espacio al cuestionar la “justicia social”, a la que calificó como “un robo”, y sostuvo que su principal referente “va a seguir presa por la causa de los cuadernos, por Vialidad y por la causa de Irán”.

En otro tramo de la noche, Milei enumeró las principales leyes aprobadas en el primer tramo de su gestión. Destacó la denominada ley de inocencia fiscal, al señalar que revierte “años de saqueos” y restituye el principio de que los argentinos “son inocentes hasta que se demuestre lo contrario”.

También ponderó la reforma de la ley penal juvenil bajo la consigna “el que las hace las paga” y mencionó a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien lo abrazó en el recinto.

En materia laboral, defendió la ley de modernización al afirmar que “barre con un delirio de hace 50 años” y permitirá al mercado de trabajo alinearse con “la mayor transformación de la historia”.

En política exterior, sostuvo que el país promulgó el acuerdo con la Unión Europea y alcanzó un entendimiento con Estados Unidos, en contraste con el aislamiento previo que, según dijo, había dejado a la economía “pobre y frágil”.

El Presidente describió un diagnóstico severo del Estado previo a su llegada, con “23 ministerios”, empresas públicas convertidas en “aguantaderos de militantes” y un sistema judicial “estancado”.

“A partir de ahora tenemos la fuerza para empezar un nuevo capítulo de la historia argentina”, concluyó.

Entre los presentes estuvo el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, quien siguió el discurso desde un costado del estrado presidencial, acompañado por diputados nacionales de esa provincia.

El mandatario cordobés no aplaudió en ningún momento las intervenciones de Milei.

También estaban Rodrigo De Loredo y Juan Manuel López, que siguiern el discurso en un mismo palco. Los invitó Martín Menem en calidad de «ex jefes de bloque» (UCR y CC).

En otro tramo del mensaje, el Presidente profundizó su descripción crítica de la situación heredada. Sostuvo que “los piquetes estaban financiados con dinero de la asistencia social”, que “nuestras fronteras eran un colador” y que el país tenía “la puerta abierta para el narco”.

Según su visión, mientras “entraban los peores, se iban nuestros jóvenes”.

Milei habló de “una pobreza camuflada”, con “7 de cada 10 chicos pobres”, y cuestionó el sistema educativo al afirmar que “los egresados escolares no sabían escribir en un mundo que avanza sin freno con la IA”.

También volvió sobre su diagnóstico del Estado al describir a las empresas públicas como “aguantaderos de militantes” y a la estructura estatal como “cooptada por los amigos del poder”.

Aseguró que la Justicia estaba “estancada, con causas dormidas” y que la dirigencia llegó a sostener “23 ministerios”.

En el plano económico, reiteró que el país estaba “aislado” y que el fisco perseguía a los ciudadanos “por querer comprar dólares que hoy compran libremente o por hacer una transferencia”. En ese contexto, agradeció de manera explícita al ministro de Economía, Luis Caputo, a quien definió como “el mejor ministro de Economía del mundo”.

Destacó que el Gobierno redujo “en un 30% el gasto del Estado nacional en términos reales” y que recompuso el balance del Banco Central, eliminando el déficit cuasifiscal “sin represión ni Plan Bonex”. También mencionó al titular de la autoridad monetaria, Santiago Bausili, y al secretario de Finanzas, Pablo Quirno.

En seguridad, volvió a respaldar a Patricia Bullrich por un “accionar implacable” y aseguró que se pasó de “9.000 piquetes por año a cero”. Afirmó que se eliminaron transferencias discrecionales y se reforzaron las automáticas para los sectores vulnerables.

Detalló aumentos en la Asignación Universal por Hijo y en programas alimentarios y de primera infancia, aunque insistió en que “los planes no son una solución de fondo, sino una transición”, en línea con lo expresado por la ministra de Capital Humano.

Milei también sostuvo que empresas antes deficitarias alcanzaron el equilibrio y puso como ejemplo a Aerolíneas Argentinas, que según dijo generó ganancias por 100 millones de dólares. Reivindicó las privatizaciones iniciadas con la Ley Bases y agradeció al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, al señalar que se realizaron más de 14.500 desregulaciones.

Finalmente, defendió el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, al que presentó como política de Estado, con proyectos aprobados por 25 mil millones de dólares y otros en evaluación. Sostuvo que se redujeron aranceles y la planta estatal en un 30%, y desafió a provincias y municipios a acompañar el proceso.

En el tramo final de su exposición, el Presidente puso el foco en la reforma judicial y en la estabilidad macroeconómica. Señaló que se implementó el sistema acusatorio en el 65% del país con el objetivo de acelerar los tiempos procesales y mejorar la eficiencia de la Justicia.

En materia económica, volvió a vincular los resultados con el equilibrio fiscal y la restricción monetaria. Sostuvo que la inflación pasó del 230% en 2023, cuando según describió “viajaba al 15 mil por ciento”, a 30% en 2025. Afirmó que esa desaceleración se logró sin recesión y que la actividad, medida por el EMAE, creció 6% punta a punta.

Indicó además que la economía acumula dos años consecutivos de expansión, con una mejora superior al 10%. “Estamos saliendo del pozo”, resumió.

Milei dedicó varios pasajes a cuestionar a la oposición durante el año electoral. “El año pasado hicieron todo lo posible para derrocar a este gobierno y les salió mal”, sostuvo. Recordó que en marzo se produjo un primer “pico de incertidumbre” que fue superado y destacó que en mayo la tasa mensual de inflación bajó a 1,5%.

También aludió a un segundo episodio de tensión en septiembre, cuando, según dijo, “algunos medios de comunicación, sectores del Congreso y empresarios que apostaban a una devaluación” generaron inestabilidad.

Describió una suba del riesgo país, caída en la demanda de activos en pesos y un freno abrupto de la actividad, con un costo estimado en 25 mil millones de dólares en términos de PBI.

En ese contexto, destacó el respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al que calificó como un “aliado clave”. Aseguró que la relación especial con ese gobierno permitió enfrentar presiones internas y externas “no por cuestiones económicas, sino para defendernos de los representantes del antiguo régimen”.

El mandatario admitió que el país aún está “lejos del objetivo en términos de pobreza”, aunque afirmó que “la malaria se ha terminado”. Agradeció a la Cámara de Diputados y al Senado, incluso a quienes “quisieron sabotear al país”, y afirmó que gobierna “para los 47 millones de argentinos”.

Finalmente, sostuvo que la Argentina está “a las puertas de un gran crecimiento económico”, condicionado a mantener el equilibrio fiscal, la política monetaria restrictiva y la baja del riesgo país. Planteó que esos factores permitirán una mejor asignación de recursos y salarios más altos.

Enumeró como pilares la desregulación de la economía y el fortalecimiento del capital humano, al remarcar que “sin alimento no hay desarrollo cognitivo” y que los niños son una prioridad de su gestión.

En uno de los tramos más confrontativos del discurso, Milei apuntó contra sectores del empresariado local. Dijo que no tenía “dudas en hablar de ladrones a empresarios locales” y diferenció legalidad de legitimidad.

Acusó a “empresarios prebendarios” de actuar en connivencia con la política y de sostener un “modelo empobrecedor donde solo ganan los políticos corruptos y los pocos empresarios amigos del poder”.

Cuestionó la protección a la industria nacional subsidiada y planteó un ejemplo concreto. “¿Es normal pagar la tonelada de tubo de acero 4.000 dólares cuando se paga 1.400?”, preguntó, al tiempo que señaló que esos sectores luego amenazan con poner en jaque al mercado de cambios.

Para el Presidente, la Argentina es “el país más cerrado del mundo para su nivel de PBI” y ocupa el puesto 178 en un ranking de apertura comercial. “Hablan de apertura indiscriminada, pero defienden a los cazadores del zoológico”, sostuvo.

Milei defendió la importación como mecanismo de competencia. Afirmó que cuando el consumidor compra un bien importado más barato, ahorra y destina ese excedente a otros sectores más competitivos, lo que, según dijo, también genera empleo.

El Presidente sostuvo que el país atraviesa “una oportunidad histórica” y llamó a “abrazar la moral como política de Estado”. Definió a la propiedad privada como “la piedra angular de la economía” y anticipó una batería de reformas.

Anunció que impulsará modificaciones en el Código Civil y Comercial y un nuevo paquete de desregulaciones en materia de defensa del consumidor y libre competencia. También planteó la necesidad de reformar el esquema impositivo, ampliar acuerdos comerciales y reformular el Código Aduanero.

En esa línea, sostuvo que se integrará a los acuerdos internacionales que sean necesarios y que se construirá un marco legal para el desarrollo de sectores primarios como el cobre, el litio, la pesca, los hidrocarburos convencionales y no convencionales y el agro, lejos de lo que definió como “prejuicios ambientalistas absurdos”.

Volvió a cuestionar el concepto de “Estado presente”, al que consideró fracasado, y propuso un Estado “ágil”, enfocado en la defensa de la vida y las necesidades básicas.

Anticipó reformas en el Código Penal, la implementación de juicios por jurados en la Justicia Federal y cambios en los niveles inicial, primario y secundario del sistema educativo. También habló de fortalecer a las Fuerzas Armadas y modernizar el sistema de defensa.

Milei volvió a referirse a la relación con Donald Trump y aseguró que no se trata solo de un acuerdo personal, sino de una afinidad estratégica. “De Alaska hasta Tierra del Fuego, hagamos a Argentina y América grande nuevamente”, expresó.

En materia productiva, proyectó que donde haya energía barata se instalará la industria y mencionó la posibilidad de que se desarrollen centros de datos en la Patagonia. Afirmó que las nuevas actividades compensarán eventuales pérdidas en sectores menos competitivos. Anunció la modernización de la red ferroviaria, la expansión del sector financiero y una eventual baja de retenciones condicionada al sostenimiento del superávit fiscal.