El partido mundialista entre la selección Argentina y la de Cabo Verde reflotó unas de las leyendas más increíbles y sentidas de nuestra historia nacional y espiritual. El «Negrito Manuel» fue Manuel Costa de los Ríos, que había llegado a estas tierras como esclavo y fue reconocido como el primer custodio y testigo del milagro de la Virgen de Luján en 1631. Dedicó su vida a cuidarla, encendiendo su altar y esparciendo su devoción popular.
La Virgen de Luján es la Patrona de la Argentina. En 1630, dos imágenes de la Purísima Concepción de María, traídas desde Brasil, llegaron al puerto de Buenos Aires y desde allí emprendieron viaje a Santiago del Estero.
Según cuenta la historia, en el camino, las carretas que las transportaban detuvieron su marcha a orillas del río Luján. Pese a los intentos de bueyes, estos no consiguieron mover las carretas que habían quedado inmovilizadas.
Los transportistas se dieron cuentas que al quitar una de las imágenes de la virgen de la carreta, ésta se movía. Por este motivo, la pequeña imagen de 38 centímetros, de terracota pintada, allí se quedó y se convirtió en la Virgen de Luján, casi 200 años de iniciarse la creación del Estado argentino.
En ese entonces, Manuel era esclavo de Bernabé González Filiano, administrador de la estancia a orillas del río Luján donde ocurrió el milagro, y éste lo encomendó el cuidado de la imagen.
Manuel Costa de los Ríos llegó al Río de la Plata como parte de un lote de esclavos africanos proveniente de Pernambuco, Brasil, para ser comercializado en Buenos Aires. Había nacido y se había criado en las islas de Cabo Verde, siendo bautizado de niño, agregándosele al nombre cristiano de Manuel.
Su primer amo fue el capitán que lo trajo, Andrea Juan, y luego pasó a ser propiedad del comerciante y militar Bernabé González Filiano, quien era el administrador de la estancia a orillas del río Luján donde ocurrió el milagro.
Bernabé encomendó al negro Manuel cuidar la imagen de la virgen guardada en la estancia. Años más tarde, sus herederos terminaron por vender a Manuel para que se convierta en propiedad exclusiva de la Virgen de Luján.
En una pequeña capilla de barro y paja, Manuel recibía a los creyentes que se acercaban a venerar la imagen y ungía a los enfermos con el sebo de las velas para curar sus males.
Cuando la estancia y la capilla cayeron en abandono, doña Ana de Matos pidió la imagen para llevarla a sus tierras, donde actualmente se levanta la Basílica de Luján, y pagó 250 pesos por Manuel para que continuara cuidando de la virgen. Manuel lo hizo hasta 1686 en que falleció, motivo por el cual él siempre se consideró “Ser de la Virgen nomás”, invocándola constantemente como su “Ama” y “Señora”.
Manuel dedicó toda su vida al cuidado de la imagen de la Patrona de nuestro país. Sus restos reposan bajo el altar mayor a los pies de la imagen de la Virgen, en la capilla de Pedro de Montalvo, levantada a tan sólo unos cien metros de la actual Basílica de Luján.
Entre 1777 y 1812 entraron a los puertos de Buenos Aires y Montevideo 700 barcos con 72 mil esclavos provenientes de África. Más de cuatro décadas después, el 1 de mayo de 1853, entraría en vigencia la prohibición de la esclavitud.

