Historia

Almacenes de Ramos Generales: Los hipermercados y el e-commerce del 1900

Estos establecimientos comerciales históricos, eran vitales en pueblos rurales de Argentina. Allí se vendían una amplia y diversa gama de productos, desde comestibles hasta textiles y herramientas, funcionando como punto de encuentro, centro social y económico antes de la llegada de grandes supermercados y la explosión del comercio electrónico.


También conocidos como pulperías o almacenes de campo, eran puntos de encuentro para vecinos y viajeros, ofreciendo un surtido que cubría casi todas las necesidades diarias, conservando hoy su valor histórico y patrimonial, y a menudo revalorizados como espacios culturales y gastronómicos.

En nuestra región comenzaron a proliferar a partir del 1900 con la llegada de las primeras olas de inmigrantes y con la fundación de las colonias que luego se convertirían en prósperas ciudades.

En la provincia de Buenos Aires por ejemplo, esos almacenes de «ramos generales» tuvieron sus comienzos en las «pulperías» de la época de la colonia, de precaria edificación, generalmente ubicadas en ángulo -llamados «esquinas»-, por donde pasaban carretas, carruajes, reseros, viajeros y gauchos del lugar.

Eran un espacio de venta no solamente de bebidas, sino de velas, tabaco, ristras de ajo y, por ahí, hasta alguna guitarra, aunque el contrabando permitía ofrecer productos «prohibidos», ingresados de Inglaterra o Francia (jabones, perfumes, textiles, etc.).

En épocas donde todavía no todos los pueblos contaban con entidades bancarias, según cuenta el portal www.revisionistas.com.ar, el crédito a largo plazo en la compra de alimentos, herramientas, materiales de construcción, carruajes y maquinarias agrícolas, permitió al hombre de campo planificar su vida como productor rural.

La condición de “ramos generales” reunía la satisfacción de cualquier necesidad, por lo tanto, abastecía a todas las capas sociales en un mismo marco comercial crediticio, y la relativa estabilidad económica de las primeras décadas del siglo XX, permitían al almacenero solvente manejar con comodidad los “fiados” hasta plazos de uno, dos y tres años; créditos éstos que bien aprovechado por los clientes, permitieron enfrentar con cierta previsión las inversiones en sus respectivas actividades.

En los almacenes de ramos generales se vendían –tan como si fueran los actuales hipermercados o plataformas digitales- desde alimentos en todas sus formas y de distintos orígenes de elaboración, hasta artículos de ferretería, talabartería, bazar, maquinarias agrícolas, materiales para la construcción, tienda e indumentaria, sulkys y carruajes, cristalería, librería, zapatería, armas, muebles, molinos de viento, tranqueras, bebederos y otros artículos para las actividades rurales y para el hogar. Casi todos contaban con despachos de bebidas al mostrador y algunos complementaban sus rubros con anexos de carnicería, fiambrería y/o panadería.

Todavía, en cada casa, en cada familia, siempre un abuelo o abuela cuenta una historia del almacén de ramos generales de su pueblo o localidad. Ese lugar, como las actuales plataformas digitales, permitía comprar de todo, pero que además se convertía en el punto de encuentro para socializar y establecer relaciones con toda la comunidad.

En épocas donde las noticias tardaban en llegar y el vínculo con el otro estaba supeditado a transitar grandes distancias, estos almacenes se convertían en el paso obligado y en la excusa perfecta para hacerse de los insumos necesarios y de paso conversar sobre la familia, la cosecha, el desarraigo inmigratorio y el nuevo país que se estaba gestando por estas tierras del interior.

Fotos: Libro del Cincuentenario de Freyre. Impreso y encuadernado en la Imprenta y Librería de F. Truccone y Vda. Barisonzi.

Foto 1: Ramos Generales Truccone y Cía.

Foto 2: Ramos Generales y Acopio de Cereales Marchiario Hnos. y Cía.

Foto 3: Ramos Generales Casa Mariani.