Policiales

El «ligerismo»: Esa manía argenta de sobrevolar los temas

En este momento, la auténtica filosofía política en Argentina es el ligerismo. Hay diferencias ideológicas, partidarias, o personales, pero si algo tienen en común nuestros políticos es que todos son maestros en el arte de tomarse las cosas a la ligera.

El ligerismo es lo que permite que en Argentina se digan cosas y se lleven a cabo acciones que en otro país serían un escándalo, pero que aquí no tienen mayor repercusión. Resuenan un par de días en los medios, y enseguida son desplazadas por algún otro impacto.

Hace poco, Alberto Fernández visitó España y Portugal en una especie de gira “vacacional oficial” , (una forma inteligente de tomar distancia). Primer dato que aprendimos a tomarnos a la ligera: un candidato a presidente, el favorito, ya es tratado acá y afuera como si fuera el presidente electo.

El país da vuelta alrededor de Alberto Fernández y el repite “yo no gobierno soy un candidato». Una encuesta de estos días, realizada por Reyes-Filadoro , arrojó que el 73% de los argentinos piensa que Macri ha perdido el control, y también que el 57% cree que Aberto Fernández está preparado para gobernar.

Un 30%, incluso, dice que está “muy preparado”. ¿No es otra muestra de ligerismo el que la sociedad piense esto de un candidato que todavía no dijo claramente lo que quiere hacer, ni cómo piensa hacerlo? En su visita a la Península Ibérica, Fernández manifestó bastante interés en el caso de Portugal, un país que supo salir de una severa crisis y recuperar su crecimiento económico. El llamado “milagro portugués”.

A los pocos minutos ya teníamos editoriales hablando del tema, entusiasmo con la propuesta y poca información en cuanto al duro ajuste que requirió ese “milagro”. Con la misma ligereza que se abrazó el ejemplo portugués y después se lo dejó en el olvido, los políticos oyeron las propuestas revolucionarias de Juan Grabois, las metáforas defectuosas de Esteban Bullrich, los acampes en la 9 de julio.

Tomarse todo a la ligera es la mejor estrategia en un país donde las consecuencias no parecen existir. Pero es sin dudas, el gobierno quien convirtió al ligerismo en política de estado. Marcos Peña podría decirse el padre de la criatura. Son las recordadas marchas y contramarchas de los primeros tiempos, cuando parecía que el gobierno podía cometer cualquier error, siempre y cuando se arrepintiera después.

Este proceder también afianzó la idea de que valía tomar cualquier decisión, sin pensarla demasiado y sin medir sus consecuencias. Con el mismo ligerismo, Macri está encarando los que podrían ser sus últimos meses en el poder. Se toman medidas para los próximos 90 días, y no se menciona lo que va a ocurrir una vez que se termine el plazo.

Hasta un gobierno en retirada está obligado a tomar medidas no pensando en los próximos tres meses, sino en los próximos cuatro años. El presidente, a esta altura del partido, debería hacer lo que sus convicciones le indican, y no lo que parece necesario (aunque nunca suficiente) para ganar una elección.

Hasta esto parece demasiado pedir en tiempos de ligerismo. El resto de la política vive en la misma incertidumbre que el gobierno. Estamos en la mirada de América Latina y del mundo, pero a nadie le importa estar a la altura de las circunstancias. Que tomamos la calle pero al final no tomamos la calle; que vamos a hacer la reforma laboral, sí pero no tanto; que dije tal cosa pero quise decir tal otra.

Los políticos viven en su propia contienda. No se tiran piedras sino bombitas de agua, de esas que explotan y desaparecen golpean su objetivo. Falta sustancia y también faltan objetivos claros. Este sería el momento para sentarse todos y plantear seriamente lo que piensan hacer.

Pero mientras la sociedad no salga a exigirle otra cosa, la política será terreno del ligerismo. “En un teatro, comenzó un incendio atrás del escenario. Un payaso salió a avisar al público, creyeron que era una broma y lo aplaudieron. Insistió, y lo aplaudieron más. Creo que el mundo va a terminar así, entre el aplauso general de todos los que crean que es una broma». (Kierkegaard)

Nota publicada también en: Perfil.com

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Eduardo Reina

Consultor especializado en Comunicación Institucional y Politica, Asuntos Públicos y Gubernamentales, Manejo de crisis y Relaciones con los Medios. Magister en Comunicación y Marketing Político. Universidad del Salvador, USAL, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004. Postgraduate Business and Management. Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Actual Presidente Tres Cuartos Comunicación y es Docente Universitario. Anteriormente fue Vicepresidente de Estudio de Comunicacion, multinacional española que figura entre las 10 empresas del ranking de Merger Market de empresas Europeas. www.eduardoreina.com