Política

La visita de Barack Obama abre una nueva etapa en las oscilantes relaciones bilaterales con los EEUU

Aquella era otra Argentina. El mundo la tenía en cuenta, pese a su inestabilidad política: era una nación poderosa, productora de alimentos, granero del mundo, que se miraba en el espejo siempre lejano de la Europa de sus ancestros. En enero de 1936, el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, envió una carta a su par argentino, el general Agustín P. Justo. Le propuso hacer en Buenos Aires una conferencia interamericana extraordinaria para «tratar los problemas del hemisferio». Sería la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz. En ella se iba a hablar de la guerra.

Ese fue el primer paso, el que abrió las puertas hace ya casi ochenta años, para la visita al país del primer presidente norteamericano. Roosevelt llegó a la Argentina a las dos de la tarde del 13 de noviembre de ese año. Todavía no era el héroe de guerra que iba a derrotar al nazismo en 1945. Pero había sacado a Estados Unidos de la tremenda crisis económica de 1929 y estaba a punto de convertirla en una potencia económica y bélica mundial.

¿Qué quería Roosevelt de la Argentina? Que liderara una especie de «liga americana», un embrión de la Organización de Estados Americanos (OEA), para formar un bloque continental contra los peligros del fascismo. Esa era la Consolidación de la Paz de la que hablaría la conferencia internacional, en un mundo que ya olía sangre. En noviembre de 1936, la Guerra Civil Española, ensayo general de lo que sería luego la Segunda Guerra, llevaba ya cuatro meses de matanza; y en Alemania e Italia, Hitler y Mussolini no ocultaban sus ansias de dominación mundial. Alemania se había mostrado militarizada y poderosa en los Juegos Olímpicos de ese año en Berlín, perseguía y encerraba en campos de concentración a judíos y opositores y había celebrado el VIII Congreso del nazismo en Nüremberg. Un mes antes de la llegada del recién reelecto Roosevelt a Buenos Aires, había quedado conformado en Europa el Eje Berlín-Roma.

Argentina tenía, además de su potencial económico, una estrella de la diplomacia mundial: Carlos Saavedra Lamas, flamante Nobel de la Paz por su gestión para poner fin a la Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia. Para alcanzar su objetivo de formar un bloque continental, Roosevelt había designado a su secretario de Estado, Cordel Hull, que sería Nobel de la Paz en 1945. Ambos, Saavedra Lamas y Hull, iban a quedar enfrentados y la propuesta de Estados Unidos diluida.

Aunque Roosevelt fue recibido con todos los honores y por una multitud fervorosa, la otra mitad en la que estaban divididas las ansias argentinas era pro germana y anti estadounidense. La prensa elogió la figura de Roosevelt, con excepción de los periódicos nacionalistas y pro nazis que se identificaban, algunos, con la simbología hitleriana.

En síntesis, Hull propuso un compromiso de asistencia recíproca (recién en 1947 sería el TIAR) para el caso de que una potencia no americana atacara a una nación del continente que, dadas las circunstancias, no podía ser otra que Estados Unidos. El compromiso implicaba también una participación armada para dar cumplimiento a lo firmado, una propuesta que iba contra la tradicional neutralidad argentina, con firmes lazos económicos y culturales con Europa, en especial con Gran Bretaña. La tercera idea de Hull fue la de modificar la legislación sobre neutralidad en el continente y abrir una especie de neutralidad aislacionista que dejara a los países americanos fuera de la guerra y expuestas al deterioro económico por el deterioro de las exportaciones.

Saavedra Lamas se opuso. En esencia, abogó por una cooperación única con la Sociedad de las Naciones (antecesora de la ONU), un plan que echaba por tierra con el bloque interamericano que proyectaba Estados Unidos. También impulsó la «no intervención absoluta», que incluía un término vago, indefinido y de largo alcance: la «intervención diplomática excesiva». Agua y aceite.

La Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz terminó por aprobar un híbrido que rozaba apenas las intenciones de Estados Unidos y de Roosevelt. Empezaban a gestarse ocho décadas de malos entendidos y rispideces con Estados Unidos. Argentina fue pro germana hasta casi el final de la Segunda Guerra, cuando era un hecho que Alemania sería aplastada. Pasarían veinticuatro años antes de que otro presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, pisara estas tierras y otros treinta hasta que, en 1990 llegara George H. W. Bush para abrazar a Carlos Menem. Bill Clinton lo hizo en 1997 y George Bush hijo en 2004.

Obama llega al país que gobierna Mauricio Macri y desde la Cuba de Fidel y Raúl Castro nada menos, para iniciar una nueva etapa de las relaciones entre Estados Unidos y Argentina. Lo que sigue, y cómo sigue, es un misterio.

Fuente: Infobae. http://www.infobae.com/2016/03/20/1798391-la-visita-barack-obama-abre-una-nueva-etapa-las-oscilantes-relaciones-bilaterales-los-eeuu

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