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Cómo las redes sociales impactan en el lenguaje

Tuitear. Googlear. Guasapear. El lenguaje y las redes sociales, un matrimonio con cortos, pero intensos años de relación. El idioma aceptó, adoptó y cobijó nuevas definiciones de actividades que son hijas directas de las tecnologías de comunicación modernas. Su poder de sociabilización y de viralización impactaron en la anatomía de una lengua que vive en constante transformación. Cómo influyeron las redes sociales en el español y cuáles son las consideraciones de los expertos: los escenarios a delinear.

«La lengua es una entidad viva -repitió Silvia Ramírez Gelbes, experta en lingüística y directora de la maestría en periodismo de la Universidad de San Andrés-. Y como tal, crece, se transforma, adopta términos nuevos. Si no lo fuera, seguiríamos hablando en latín». Sobre este gran concepto orgánico es que las palabras se agolpan.

El lenguaje reaccionó de forma amable a las nuevas formas de escritura que se van multiplicando en las redes sociales. La especialista asume que las redes no son más que el espejo dialéctico de la sociedad, un mero espacio donde los que escriben no dejan de ser humanos.

La lengua evoluciona al compás de la humanidad. Hay interacción, hay simbiosis, hay impacto. Ramírez Gelbes compara la introducción de terminología derivada de las redes sociales con otros eventos históricos: «Cuando se crearon los aviones, todo el universo de la aeronáutica debió crear nuevas palabras. Lo mismo sucedió con las primeras computadoras».

Un vocablo nuevo llena un espacio vacío, una necesidad de caratular algo que antes no existía. Hay una actividad flamante: ponerle un nombre. Googlear quizá sea un caso ejemplificador.

Las comunidades -y su idiosincrasia- son las ideólogas de estas nuevas definiciones. Nacen, crecen y se desarrollan en un nicho que prolifera en procura de ocupar el hueco generado por una actividad sin bautismo del diccionario. ¿Por qué las personas y no las academias formales determinaron que a la acción de redactar un tuit se le diga tuitear?

«Porque la lengua es de los hablantes, no de las autoridades -recordó la experta-. Y porque, por suerte, las academias han adoptado una postura más abierta y cercana a la libre regulación del lenguaje». Quizá el dialecto nacional haya asimilado estas definiciones modernas con mayor entusiasmo.

La doctora en lingüística analizó el fenómeno autóctono: «Nosotros utilizamos el lenguaje con un sentido más cómplice, más lúdico y didáctico, con guiños al interlocutor. Es probable que nos guste jugar más con las palabras y que algunas definiciones nos parezcan más divertidas y otras más acartonadas. Por eso tal vez seamos más permeables al ingreso de términos extranjeros que finalmente terminamos adoptando y transformando».

En el cono sur, los verbos creados a partir de empresas de comunicación moderna evidencian una tendencia. Tuitear, googlear y guasapear, la generación millennial de una familia verbal, repiten la utilización de la primera conjugación: «ar». Que junto a Icardear y Borocotear, cada uno en su tiempo y en sus utilidades, anclan las creaciones enraizadas en la sociedad argentina a esta clase de finalización gramatical.

El espectro argentino es, sin embargo, una causa pormenorizada de un enfoque más panorámico e idiomático. Las redes, como medio de comunicación, modelan el lenguaje y fuerzan al idioma a actualizarse. La profesional consultada aconseja recibir, agasajar y no delimitar las arbitrarias consideraciones de los hablantes y los escritas.

«Vivimos en una cultura visual. La imagen de la ‘carita’ representa mejor cierta ambigüedad constitutiva del discurso, que puede ser que permanezcan o que a lo mejor son una moda pasajera», expresó la académica. La incorporación de los emoticones como un método de expresión no significan una amenaza para el lenguaje: la lingüista lo analizó como una complementación sin que deba ser una ofensa para el discurso escrito. En relación a los nuevos verbos, Ramírez Gelbes consideró que su condición normativa no desobedece las reglas del lenguaje ni lo deforma, a la inversa: lo enaltece.

Es por eso que, como explican los eruditos de la lengua, cada época ha tenido su influencia en el diccionario. Las redes sociales impusieron novedades comunicacionales como dibujos, verbos, palabras y abreviaciones: vocablos que se asemejan mucho más a la comunicación oral, aunque se transmitan por escrito. En este medio, hay una aspiración declarada a imitar la oralidad, por eso también las risas forman parte del mensaje.

Según la Real Academia Española (RAE), la forma de escribir «guasapear» refleja la pronunciación espontánea más extendida en el español. Sucede que los nuevos espacios desnudan las maneras que damos voz a las propias personalidades, emociones y conocimientos gramaticales. «La ortografía no empeoró con las redes. Sólo multiplicaron los errores, porque ahora en vez de hablar, las personas se escriben», puntualizó.

Hoy son las redes sociales con sus caritas, sus «tmb» (también), sus «ntp» (no te preocupes), sus «tuitear», «googlear», «guasapear». Antes habrán sido otras las reformulaciones, mañana serán palabras ignotas las que se inventen para complacer vacíos de la lengua. Porque la tecnología creará cosas nuevas, porque el idioma es adaptable y porque el diccionario ya acepta su rejuvenecimiento. Habrá que estar preparados.

Fuente: Infobae. http://www.infobae.com/tendencias/2016/07/03/como-las-redes-sociales-impactan-en-el-lenguaje/

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