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Tecnología - 08/08/2017

Qué es la Inteligencia Artificial y cómo la usamos ya sin saberlo

Las siglas AI, o Inteligencia Artificial, suenan a concepto futurista, pero sus aplicaciones son tangibles a día de hoy. Hace poco conocimos un fallo curioso que había ocurrido dentro de los dominios de Facebook: dos sistemas de AI habían comenzado a interactuar entre sí, creando un nuevo lenguaje más eficiente que ningún desarrollador podía descifrar.

Inteligencia Artificial

Como consecuencia, se paró el estudio en el que se enmarcaba la relación entre dos bots, en el que se pretendía que las AI actuaran como humanos y adquirieran capacidad de negociar, y en donde además aprendieron a mentir.

El hecho fue muy comentado, pero incluía nombres que quizá no muchos entendamos: Inteligencia Artificial, robots, máquinas de aprendizaje o redes neuronales, etcétera. En realidad, nos son más que programaciones diversas de ordenadores que utilizan una gran cantidad de datos para “entrenarse” y realizar tareas cada vez más complejas. Van ejercitándose y adoptando de forma autónoma patrones de comportamiento según el uso que se les da.

Esta innovación ya ha salido de los laboratorios y la tenemos presente en nuestro día a día, aunque no seamos conscientes de ello. Ya ha llegado a nuestro móvil, los sistemas de seguridad o los electrodomésticos. Vehículos autónomos, buscadores inteligentes, asistentes virtuales, reconocimiento facial… estos son sólo algunos de los avances tecnológicos que aplican Inteligencia Artificial. Que exista una cantidad ingente de datos ayuda y acelera el proceso de aprendizaje de la AI, que finaliza tareas complejas con éxito gracias, en parte, a la imitación de patrones e imitar cómo las resolvería un ser humano.

El “cerebro” de una Inteligencia Artificial se asemeja al humano, pero en vez de neuronas hay nodos de información que se complementan entre sí para resolver un problema. Eso sí, aún queda mucho para que las AI puedan desarrollar con éxito actividades que implican varias destrezas, como la imaginación, la sensibilidad o empatía. La artesanía, de momento, parece estar a salvo del reemplazo por un ordenador, mientras que las tareas repetitivas sí son susceptibles de ser automatizadas.

Siri o Cortana son dos ejemplos de los usos actuales de AI. Videojuegos que son capaces de recordar eventos sucedidos en partidas anteriores, la predicción que gigantes del comercio como Amazon realizan para mostrar productos a usuarios que “pueden” necesitar antes de que estos hagan una búsqueda, los bots inteligentes que atienden a los clientes en redes sociales… son también muestras de la participación de la AI en nuestras vidas.

No solo podemos encontrar la Inteligencia Artificial en sistemas de seguridad o detección de fraude, como vemos también está ya en nuestros hogares sin que nos hayamos dado cuenta. Que Spotify o Netflix ofrezcan contenido que el usuario disfrutará en base a sus elecciones anteriores se debe a un escrutinio continuado de la AI. Son sólo dos ejemplos, quedan muchos campos por explotar, como por ejemplo el del periodismo: Google ha concedido financiación recientemente una agencia de noticias en donde también redactarán robots.

El debate sobre el impacto que la paulatina implantación de la AI pueda tener en nuestras vidas, nuestros empleos y la manera de relacionarnos, está ya abierto. Sucedió de igual manera cuando llegaron los cajeros automáticos en los años 70. Los empleados de ventanilla en banca no desaparecieron, sino que su desempeño fue transformándose. Sin lugar a dudas estamos a las puertas de una gran revolución tecnológica, estamos sólo al principio de lo que supondrá la implantación y desarrollo de los sistemas de Inteligencia Artificial en nuestra vida cotidiana.