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Economía - 23/11/2016

Impuesto a las ganancias: reformas y polémica

OPINIÓN: Por el Dr. Andrés Peretti (*). Especial para DSF

En nuestra primera intervención para Diario San Francisco analizamos la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, medida anunciada por el Gobierno allá por febrero de este año.

Bajo el título “Impuesto a las ganancias: de la alegría a la desesperanza” vaticinamos cómo la reforma devendría perjudicial para los empleados. Sin necesidad de hacer futurología, llegamos a la conclusión que los aumentos salariales —en el orden del 25% al 35%— dejarían sin efecto la modificación del mínimo no imponible. En dicha oportunidad sostuvimos que a corto y mediano plazo no existiría diferencia alguna, y lo que es peor, muchos volverían a tributar.

Los datos son contundentes: en enero de 2016, antes de la reforma, pagaban el impuesto un millón de trabajadores, mientras que hoy lo hacen al menos dos millones de asalariados. En síntesis, la modificación fue más cosmética que sustancial, más temporal que permanente, más ficticia que real.

Ya pasó el primer semestre, y mientras transitamos la esperada segunda parte del año, aquí estamos hablando nuevamente del mismo tema: la reforma del impuesto a las ganancias. Tal como sucedió a principios del 2016, está en boca de todos.

Todo fue muy rápido. Semanas atrás se decía que la reforma tributaría sería objeto de extenso debate en el 2017. A los días, se hablaron de sesiones extraordinarias, pero hoy el tema es urgente, súper urgente. No hay tiempo para esperar siquiera hasta el 14 de diciembre, fecha original programada para discutir los cambios del impuesto.

En este momento, hay dos proyectos en Diputados. El primero fue ingresado por Sergio Massa y el resto de la oposición, mientras que en estas horas el oficialismo llevaría su propuesta al Congreso. La oposición pretende la elevación del mínimo no imponible —piso a partir del cual se paga el impuesto— en un 60%, es decir, $48.000 brutos para trabajadores casados con dos hijos y $35.000 para solteros sin hijos.

Por su parte, el proyecto del Gobierno importaría un aumento del mínimo no imponible entre un 15% y 17% —inflación proyectada para el año entrante—, con más la esperada modificación de las escalas, disminuyendo la alícuota más baja —4% en lugar del 9%— e incrementando la más alta —45% en lugar del 35% vigente—.

Sin perjuicio que la propuesta del oficialismo parece más conservadora —por el aumento menor del mínimo no imponible—, la realidad es que la reforma en las escalas es un avance, toda vez que importa que quienes menos ganan paguen menos impuesto, y los que tienen salarios más altos tengan mayor carga tributaria. Así es como un tributo se convierte en más progresivo y, por ende, más justo. No es lo mismo pagar el 5% de $100 que el 5% de $300; más allá de que el porcentaje es idéntico, le es más fácil pagar impuestos a quién más gana que al que menos.

Sin embargo, hay riesgo cierto que la reforma no prospere en ese aspecto, toda vez que pagar hasta un 45% de alícuota del impuesto a las ganancias —incluso para sueldos gerenciales— importa un avasallamiento al derecho de propiedad, y en consecuencia, deviene inaplicable por inconstitucional.

En atención a lo expuesto, sin desconocer la premura de transformar el sistema tributario nacional, se espera que el debate parlamentario trascienda el oportunismo político. Debe quedar atrás la carrera sobre quién fue primero o segundo para dar lugar a las conversaciones, a las negociaciones y al necesario intercambio de ideas.

La realidad exhibe que más allá de las diferencias, el Congreso tiene en sus manos dos proyectos de reforma, pero ambos con un objetivo común: aliviar a un sector azotado por la altísima carga fiscal que importa el impuesto a las ganancias que recae sobre el salario.

Esperamos que los tiempos de la política coincidan esta vez con los tiempos lógicos de debate. Sólo así se evitarán las soluciones parciales y temporales, tal como sucedió con el aumento del mínimo no imponible a principios de este año.

(*) Abogado -UNC-, Especialista y Magíster en Derecho Tributario -Universidad Austral, Buenos Aires-