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Economía - 24/12/2016

El consenso como mecanismo lógico para la reforma del impuesto a las ganancias

OPINIÓN: por Andrés E. Peretti (*). Especial para DSF.

Mientras nos acercamos a fin de año y coincidimos que el 2016 pasó más rápido que cualquier otro, el escenario socio político transita por un único sendero: la reforma del impuesto a las ganancias.

Parece que fue ayer cuando la oposición —liderada por Sergio Massa— le ganó de mano al oficialismo y presentó su propuesta de modificación del impuesto ante el Congreso. Horas después, con la premura del caso y por razones más políticas que reales, el Gobierno en funciones elevó su proyecto al recinto de representantes.

Pasó poco más de un mes. 32 días para ser más precisos. En el medio, la Cámara de Diputados aprobó sin tapujos el proyecto de la oposición y dejó al oficialismo en jaque, al cual no le quedaban más opciones que aceptar la reforma fiscal —con gastos insostenibles— o utilizar nuevamente la herramienta del veto —con alto costo político de cara a las elecciones legislativas 17’—.

Pero con el dinamismo propio del fin de año, hubo consenso. Sí, consenso, una palabra casi eliminada del vocabulario criollo. El Gobierno, la oposición y la CGT —sushi de por medio— llegaron a un acuerdo sobre los puntos neurálgicos de la reforma del impuesto.

Y desde allí, todo fue dinámico. De inmediato, se dejó de lado la propuesta del massismo, y el miércoles 21/12 —en sesión express— se trató y aprobó en Senadores el proyecto consensuado. Al día siguiente, en Diputados, por lo que sólo resta la promulgación en el Boletín Oficial.

En cuanto aquí importa, se destaca el incremento del mínimo no imponible —piso a partir del cual se paga el impuesto— a $27.941 brutos para los solteros sin hijos —$23.200 de bolsillo— y $37.000 para los casados con dos hijos —$30.700 netos—, cambios en las escalas del impuesto —5% al 35%— y parámetros más progresivos, a fin de que quienes menos ganan paguen menos impuesto, y los que tienen salarios más altos tengan mayor carga tributaria.

También se eximen de pago a los jubilados y pensionados que reciban una remuneración superior a $30.000 mensuales, así como también se permite la deducción de viáticos, horas extras, feriados y alquileres —en este último caso, 40% máximo, con un tope de $4.000—. Como novedad, los jueces, funcionarios y empleados del Poder Judicial que sean nombrados, ingresen o empiecen a trabajar a partir del 1° de enero de 2017 estarán alcanzados por el impuesto.

Con la reforma, unos 400.000 asalariados dejarían de pagar ganancias, y aquellos que superan el mínimo no imponible actualizado, ingresarían un tercio menos de lo que vienen tributando. Pero nada es gratis. La Nación resignará unos 35.000 millones de pesos anuales, unos 7.000 millones más que los proyectados por el Gobierno en el Presupuesto 2017.

La pregunta del millón —o mejor dicho, de los miles de millones— sería: ¿quién afrontará el costo fiscal? Toda vez que se trata de un tributo coparticipable, las Provincias —y, en última instancia, los Municipios— verán afectadas sus arcas.

En un país con más de 100 impuestos, lo último que queremos son nuevos tributos. Por ello, luego de la reunión con los Gobernadores, se informó que dicha diferencia será solventada por el novel impuesto al juego —máquinas electrónicas, apuestas automatizadas y on line— y los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) —fondo creado para afrontar situaciones de emergencia y desequilibrios financieros de los gobiernos provinciales—.

De todas maneras, sin perjuicio que las modificaciones proyectadas importan un avance para los trabajadores en relación de dependencia, lo más importante fue el proceso que se atravesó para llegar a la reforma.

Al menos por unos días y en beneficio de los asalariados, quedaron atrás los egos y los intereses personales para hacer lugar a la negociación, al consenso, para por fin entender que un acuerdo sólo es bueno en la medida que todas las partes ganen y pierdan algo.

Sin lugar a dudas, ese el camino a tomar de cara al 2017, y en vísperas de Navidad y Año Nuevo, desde “Peretti Abogados & Consultores” deseamos que así sea para todos nuestros queridos lectores.

(*) Abogado -UNC-, Especialista y Magíster en Derecho Tributario -Universidad Austral, Buenos Aires-